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lunes, febrero 28

Netnografía: ¿una ciencia sin teoría?

La netnografía muestra pujanza. Se abre paso derribando cuanto le estorbe en derrededor. Presenta tan altas ínfulas, que sus cultores la han declarado ciencia cuando todavía gatea dentro del complejo tema al cual se dedica. La investigación netnográfica existe, sin lugar a dudas. Mas, su personalidad como ciencia independiente, dista aun de haberse conformado. Algunas de sus bases muestran solidez, otras son movedizas.

Según sus más fieles seguidores, ella surgió, como un área específica, dentro de la etnografía. En la praxis posterior, ellos afirman que ha ganado su independencia. La existencia de un objeto de estudio resulta inobjetable. Las redes sociales, en Internet, constituyen el centro de sus indagaciones. Encontrar un objeto de estudio mejor definido resulta difícil.


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Le caracterizan métodos muy peculiares. El empleo de la tecnología, en su utilización, contribuye a distinguirla. También es diáfana la metódica de aplicación y el reconocimiento de la intencionalidad en el diseño muestral. Algo similar ocurre al escoger las variables a medir. Hasta ahí su médula conglomerante se vislumbra con una naturaleza similar al plasma.

Otra cosa ocurre cuando “su” epistemología comienza a retirársele sus capas epidérmicas. En un post anterior emití algunos criterios sobre la objetividad de los resultados que se obtienen en la netnografía. En esencia, en Internet toda expresión dista de constituir un fruto de la espontaneidad. Hay quienes opinan con sinceridad y otros pagan a “expertos” para que emitan criterios en las redes sociales, con objetivos muy bien definidos. Entonces surge la disyuntiva ¿se estudia a la “opinión pública” o la “opinión de los expertos”?

Llegado a este punto, queda en entredicho el “sujeto netnografiado”. A diferencia de otras ciencias, está ausente, en la teoría hasta hoy desarrollada, el tratamiento a la distinción entre el “experto” y el navegante espontáneo.

Quizás una de las disciplinas científicas que más haya avanzado en situaciones parecidas sea la historia. En ella, la relación entre el sujeto investigador y el objeto investigado está mediada por las fuentes históricas. Tal matiz propicia una carga de subjetividad en el resultado. Pero ciencias históricas, cuando se practican por sujetos honestos, han elaborado toda una teoría en busca de un acercamiento, lo más estrecho posible, al hecho histórico. Ella puede resumirse en la llamada “crítica de las fuentes”.

Sin embargo, la netnografía carece de dicha teoría. Sus practicantes han realizado escasos planteamientos al respecto y, sobre todo, el cuerpo argumental de la teoría, parece demorar aun su entrada en el vientre materno.

Un segundo aspecto está por dilucidarse. Las palabras o frases claves, o categorías, como prefiera llamársele, que se le suministran a los softwares encargados del monitoreo de las redes sociales, todavía adolece de la dificultad respecto a la intención de quien se expresa. Una misma idea puede emitirse de maneras discursivas diferentes. La inclusión del azar en la aplicación, todavía es incapaz de alcanzar un cuerpo de variables tangible en cuanto a precisión.

El problema desborda el campo de la netnografía. La informática, en general, continúa insatisfecha respecto a los hitos que alcanza midiendo la subjetividad humana. Ella ha avanzado, pero tiene un camino largo por recorrer. Mientras tanto, la netnografía ha de contenerse en sus planteos sobre su independencia como ciencia. Para adquirir tal categoría, primero debe conformar una teoría de su conocimiento.

viernes, febrero 25

Netnografía: una indagación excluyente.

La certidumbre es un mito. ¡No!, no se alarme. Para nada se me ha ocurrido sostener principios posmodernistas. La afirmación está realizada con entera responsabilidad.

Mitad imaginación y otro tanto de realidad. Así definen algunos especialistas el concepto de mito. Sin pretensiones de legitimarlo, incursionaré, con esta definición, esa nueva actividad que tiene por centro a la red de redes: la netnografía.

El estudio de las redes sociales se ha puesto de moda. Parece validarse el principio de que el hombre encuentra en Internet un espacio virtual de comunicación que complementa, y hasta sustituye, a los vínculos que establece en la vida real.

Muchas personas acuden a él deseosas de desahogo. Las personas tienen muchas palabras que confiar. La catarsis se torna más fácil, si a sus interlocutores solo se les muestra una foto, en lugar de su verdadero rostro. Hay de todo en la viña del Señor. Ante la “sinceridad” con que se expresan en la red los navegantes, es viable el estudio de sus opiniones.

Los primeros en tomar conciencia de esa realidad fueron quienes tenían algo que vender. ¡Que bueno es realizar ofertas cuando se conocen a priori las necesidades del cliente! En las redes sociales aparecían las ilusiones, esperanzas, frustraciones, contradicciones y… ¿quién sabe cuántas cosas de mucha gente?

Conocer de los asuntos ajenos es estimulante para muchos, y si la información aparece de manera gratuita, narrada por sus protagonistas, ¡mucho mejor! A partir de entonces surgieron empresas especializadas en este tipo de estudios.


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Si me acompañan, les propongo entrar, de manera breve, en el método empleado en esas pesquisas. Primero, son seleccionados los temas a indagar y localizadas las comunidades virtuales que los tratan. A continuación se escogen, para el monitoreo, aquellas con mayor número de miembros y más actividad interactiva.

Aquí toma cuerpo la exclusión.

Cierto es que toda ciencia utiliza muestras. Pero deben ser representativas de la población investigada. Entonces, ¿a quienes representa una muestra tomada de la manera arriba descrita?

Lograr una presencia destacada en Internet resulta complejo. Si toda la actividad la realiza uno mismo, deben dominarse múltiples aspectos. El rank en buscadores, las metaetiquetas, el intercambio de enlaces, la selección correcta de las palabras y frases claves, la producción de materiales con una correcta densidad de palabras claves, son algunos de los temas donde las habilidades necesitan estar presentes.

Hay una forma muy pragmática de librarse de todo eso: contratar a expertos. Sobreviene un rápido deslinde. A quien carece de dinero suficiente para pagar los honorarios de los especialistas le será difícil estructurar una visualización eficiente. En consecuencia, su opinión no cuenta para los investigadores.

Además, contratados los peritos en escribir y diseñar para la web ¿las opiniones de quiénes se estudian?, ¿de los contratantes o de los contratados?, ¿las de esos señores que ya tienen modelado cómo tratar a la nombrada “opinión pública”?, ¿será “pública” o “experta” la opinión?

Por otro lado, ¿qué valor se le atribuye a las opiniones de quienes tienen una modesta presencia en el tan mencionado fenómeno virtual? Estas interrogantes nos dejan vislumbrar que, en los resultados que arroja la netnografía, la certidumbre es un mito.

miércoles, febrero 23

Universalidad y aldea en José Martí






La defensa de lo propio es una divisa ineludible. La dinámica mundial lo ha impuesto. Por siglos, imperó una concepción colonizadora, donde el hombre expresaba su grado de civilización, en la medida en que hubiese asimilado los patrones en uso dentro de las respectivas metrópolis.

El proceso liberador desplegado por los pueblos dominados elevó a primer plano sus personalidades políticas y culturales. Aunque el cordón umbilical cultural que los unía al ambiente europocentrista quedó intacto, o poco afectado, dicho estatus generó posiciones para emanciparse en el terreno de los hábitos, las costumbres, las concepciones, etc. También resulta cierta la aspiración y acción que los peculiariza.

En nombre de esos nobles principios liberadores se multiplicó el afán identitario de lo “nuestro”. Como es común  enciertos procesos humanos, junto a las posiciones más consecuentes, también florecieron los nacionalismos extremos, de exacerbados sentimentalismos regionalistas y hasta caudillistas o personalistas.

Llegados a esos extremos, la fortaleza identitaria de una comunidad comenzó a medirse por la solidez de las murallas que levantaba frente al mundo y por la reproducción constante – de tendencia aislacionista – de sus rasgos y relaciones más típicos.

La Latinoamérica emancipada de España vivió, con largueza, matices similares. La apropiación de tan desfiguradas perspectivas continuó con el advenimiento del siglo XX y ha hecho acto de presencia en la primera década del XXI. El legítimo afán por explicarnos en lenguaje propio, en el que surgió con nosotros y lleva la huella de nuestra personalidad cultural, ha estado acompañado por dimensionamientos que sobrepasan el nacionalismo.

El Héroe Nacional de Cuba, José Martí, en su defensa de los valores inherentes a los pueblos surgidos al sur del río Bravo, comenzó por reconocerles su identidad y sus esperanzas y afanes de conquista en el plano social, cultural, económico, político y tantas otras esferas de desempeño.



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Pero Martí también proyectó sus ideas contra los extremismos. Al referirse al “tronco” de nuestras repúblicas, señalaba los principios irrenunciables de su posición genuinamente latinoamericana. Más, acompañó tal definición invitándonos a vivir interconectados.

“Injértese el mundo” fue su llamado. Para argumentarlo, inició las líneas de ese magnífico ensayo que es “Nuestra América”, con una crítica a las posiciones inconsecuentes del hombre cotidiano. No por “aldeano” fue incisivo con él, sino por “vanidoso”, porque hay mucho mundo más allá de cualquier aldea. En ese mundo también hay virtudes que aquilatar y causas justas por defender.

miércoles, febrero 16

Nuevo miembro de la Academia de la Historia de Cuba.



La Academia de la Historia de Cuba ha revitalizado su membresía. Entre sus últimas incorporaciones figura el Doctor en Ciencias Históricas Rigoberto Segreo Ricardo. Segreo es profesor de la Universidad de Holguín.
La cosecha científica de este intelectual holguinero incluye los libros “América y Europa: encuentro de dos mundos”, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1992; “Conventos y secularización en el siglo XIX cubano”, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1997, “De Compostela a Espada. Vicisitudes de la Iglesia Católica en Cuba”, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2000 e “Iglesia y Nación en Cuba (1868-1898)”, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2010. 

Su designación como miembro de número de la destacada Academia llena de sentimientos nobles a quienes aprecian a Segreo, como amistosamente es conocido, pero también despierta curiosidad por saber la acogida  por parte de quien lo recibe. De tal manera, en la placidez de su hogar, una conversación personal que se desarrollaba entre ambos, devino en espontánea entrevista.

En tales circunstancias, es normal que la improvisación predomine en sus palabras, pues no hubo cuestionario previo. Tomamos sus respuestas con toda la frescura con que emergieron de su cerebro. Puede parecer que esas circunstancias pueden menguar la calidad de lo expresado, pero Segreo es persona de principios firmes y conocimiento profundo. Para él, el encuentro que sostuvimos fue solo recordar lo que ya son convicciones atesoradas en su memoria.

MOC ¿Qué significa ser miembro de número de la Academia de la Historia de Cuba?

RSR. La Academia de Historia de Cuba es una vieja institución, surgida en 1910.  Hizo indiscutibles aportes historiográficos en el contexto cubano. Fueron miembros de esta Academia personalidades como Enrique José Varona y Jorge Mañach. Me alegra mucho que se haya restablecido, bajo la dirección de un historiador insigne como Eduardo Torres Cuevas.
Imagínate, para nosotros es un honor que colegas prestigiosos nos hayan seleccionado como miembro de número de la Academia, En Holguín también fueron seleccionados José Vega Suñol y José Abreu Cardet. Pocos, si tienes en cuenta que en esta ciudad hay una fuerte tradición historiográfica, hay muchos otros compañeros que, por su obra, merecen también ser miembros de la Academia. Espero que también les llegue su oportunidad.

Esta designación me satisface. Realmente entraña un reconocimiento a las pequeñas cosas que uno ha hecho, pero en el fondo es una responsabilidad que te obliga a ser mucho más cuidadoso con tu obra.



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MOC. ¿Cuáles son los momentos de continuidad y ruptura en el pensamiento social cubano respecto al del resto de Latinoamérica?

RSR. Cuba es parte de Latinoamérica y en ese sentido se inserta en una lógica de pensamiento continental, por tanto, la continuidad de las ideas entre el continente y la isla es fluida.

Ocurre que los investigadores, a veces, no tienen en cuenta ese fenómeno y se estudian los procesos teóricos de la isla desvinculados de los procesos continentales, esto está condicionado también por cierto aislamiento cubano con respecto al continente, en determinados periodos, especialmente, en uno de los más recientes que hemos vivido.

Es evidente que la sustentación del proyecto revolucionario cubano sobre la base del comunismo internacional y especialmente soviético, creó barreras entre el continente y la isla. Pero en general,  la continuidad de los procesos de ideas ente un lugar y otro es fluido.

Hay dos momentos de rupturas que son muy evidentes, uno en el siglo XIX y otro en el XX. En el primer caso, como sabemos, América culmina los procesos de la primera independencia en los 25 años iniciales del siglo XIX y Cuba queda rezagada hasta finales de esa centuria. Esto implicó dinámicas diferentes en cuanto al curso de las ideas independentistas y, sobre todo, a sus posibilidades de realización. Es un tema muy interesante el estudio en profundidad de por que Cuba no va a la independencia junto con el resto del continente.

El otro momento, se da en la segunda mitad del siglo XX, con la Revolución Cubana que inaugura el ciclo de revoluciones socialitas en el hemisferio. Aquí se produce una ruptura profunda en cuanto a las ideas, mientras en Cuba se impone un pensamiento marxista, en el resto de América se mantiene el pensamiento liberal.

Esta ruptura fue incluso política y diplomática y alcanzó niveles continentales, sabemos que los Estados Unidos lograron manipular a los gobiernos latinoamericanos y Cuba fue expulsada de la OEA, realmente aislada. Mientras esto ocurría, a nivel de políticas de estado, las fuerzas de izquierda imitaban los caminos cubanos y se imponía una verdadera ola de insurreccionalismo continental. Con ser tan pequeña en términos geográficos, Cuba ha jugado un papel muy significativo en los procesos del pensamiento latinoamericano en la segunda mitad del XX.

Felizmente, las aguas han tomado su nivel, y Cuba se integra a Latinoamérica. Dos procesos mundiales determinan esa nueva realidad: el derrumbe del campo socialista europeo, que hace cuestionable los presupuestos teóricos del propio proyecto cubano, por un lado, y por el otro, el revivir de los proyectos de izquierda en Latinoamérica.


MOC. ¿Cuáles son los límites entre las corrientes de pensamiento social, académicamente sistematizadas, y el pensamiento cotidiano?

RSR. La teoría se expresa siempre como una síntesis de la cultura, pero está muy lejos de ser todo el pensamiento social, yo diría que el universo más amplio del pensamiento se da a nivel cotidiano. Sabemos las diferencias entre uno y otro, el cotidiano no alcanza el nivel de sistematización y coherencia del teórico, pero en cambio es un poderoso factor de movilización de las grandes masas.

Ambos existen en continuidad y relación, de tal modo que, podría decirse, la parte más dinámica del pensamiento es aquella donde confluyen su expresión teórica y su nivel cotidiano. Es decir, las ideas son instrumentos de preservación  o cambio de la realidad, en la medida en que las grandes masas se apoderan de ellas, hoy ven en él a sus más esenciales intereses representados.

En cuanto a la investigación, ocurre que solo se asume como pensamiento a la teoría y, frecuentemente, se deja fuera la manera de pensar del hombre común. Claro, este nivel es más difícil de estudiar, porque casi nunca deja constatación escrita; sin embargo, el pensamiento nunca estará completo si margina el sentir y las aspiraciones de las grandes masas.

MOC. ¿Cómo concibes la asunción de la modernidad en Latinoamérica, desde su dimensión cultural?

RSR La modernidad es un solo concepto, tanto a nivel estructural como institucional, ideológico, etc.  Los procesos en la economía y la cultura no pueden separarse, se complementan mutuamente. Por eso hablar de modernidad en Latinoamérica es un fenómeno complejo, ya que es un proceso cultural que debe superar todo un mundo de relaciones económicas, sociales y políticas precapitalistas.

La modernidad en Latinoamérica tal vez haya sido uno de los procesos más agónicos, por las deudas que va dejando con el pasado. Por ejemplo, la independencia política del primer cuarto de siglo, implicó, sin dudas, un ciclo de modernidad, pero dejó, prácticamente, intactas las estructuras precapitalistas. La oligarquía se hizo del poder político, traicionando en cierto sentido el ideal de modernidad de los padres fundadores de la independencia. Mantuvo el latifundio, la monoproducción, el monomercado, etc.

Martí era absolutamente conciente de que no se había conquistado toda la independencia, y no lo decía solo en su sentido político, sino especialmente, por la preservación del viejo orden.

Habría que esperar a la segunda mitad del siglo XIX para que las incipientes burguesías latinoamericanas promovieran un proyecto liberal de modernización más coherente. Fueron tres lo pivotes de este proceso; el nacionalismo, el positivismo filosófico y las reformas liberales.

Se trataba de ir más allá de la independencia política y modernizar las estructuras económicas y sociales, pero la endeblés de este sujeto burgués ponía los límites de esa modernidad. Se impuso en casi todo el continente la copia de modelos foráneos, - especialemrnte, el inglés y el norteamericano - mientras la modernidad se imponía a costa del indio y de las masas populares.

La burguesía latinoamericana tampoco tenía capacidad para contrarrestar la poderosa influencia del capital extranjero. El logro mayor de este ciclo moderno  es la sustitución del estado oligárquico por el estado burgués nacionalista; su rémora, era la convivencia con ciertas estructuras precapitalistas y la realización de un proceso a espaladas de las masas; lo más que pudo lograr, en su fase tardía, fue un discurso populista.

En el siglo XX la modernidad latinoamericana pasa a ser patrocinada por las fuerzas de izquierda. Ellas tienen su principal base social en las capas medias y la burguesía nacional. Podríamos considerar que la Revolución Mexicana inaugura este proceso, especialmente, con un proyecto de estado y de sociedad que defiende los intereses nacionales. Lázaro Cárdenas, con la nacionalización del petróleo y la reforma agraria, se convierte en el paradigma de este proceso,

En rigor, la modernidad es un proceso de larga duración. Lo experimenta el continente latinoamericano desde la llegada del conquistador y encuentra su primer gran sujeto social en el criollo.

El ciclo premoderno de la cultura latinoamericana, puede situarse hasta finales del siglo XVIII. Es más importante de lo que generalmente se cree, en cuanto a dibujar la naturaleza del hombre latinoamericano. La modernidad se abre paso contra ese ciclo, con todo lo que implica respecto a estructuras y en cuanto a creación artística y literaria.

Cuando tú piensas en la situación de la masa indígena actual, te das cuenta de cuáles son los límites de esa modernidad en el continente y el carácter elitista que la ha dominado.

MOC. ¿Qué papel juega el historiador latinoamericano en estos momentos del siglo XXI?

RSR  El historiador es un intelectual que tiene funciones sociales muy bien definidas. El aporte del historiador a la cultura es, sobre todo, la preservación de la memoria histórica del pueblo. Ahí radica su significación social y la importancia de su trabajo. A semejanza de un individuo que, tras perder su memoria, pierde su identidad personal, también los pueblos pierden la suya sin memoria histórica.

Mas, la historiografía es una ciencia, que estudia procesos objetivos, aunque siempre se haga desde la subjetividad del historiador. Es una elemental norma de honradez preservar esa objetividad, no subordinarse a ideologías y políticas extrañas a la ciencia histórica.

Estoy de acuerdo con Jorge Ibarra cuando dice que la historia, como ciencia, no se ha creado para justificar políticas, sino que las políticas tienen que sustentarse sobre la experiencia de la historia.

Yo creo que el historiador latinoamericano tiene una gran responsabilidad y consiste esencialmente, en ser fiel al pasado histórico como mejor manera de proyectar el presente y el futuro. Claro, la ideología también se entreteje en el discurso historiográfico y es justo que así sea; la visión del pasado siempre se hace desde el presente y en ella va toda la aspiración del historiador y de las clases a que sirve; la cuestión clave reside en no subordinar el discurso historiográfico al discurso político.

La memoria histórica es tal vez una de las herramientas culturales más importantes que tienen los pueblos latinoamericanos, para contrarrestar la ola de pensamiento neoliberal que desarraiga al sujeto y lo convierte en una simple extensión de la máquina y del mercado.

miércoles, febrero 9

El retorno al África

Millones de africanos fueron arrancados de sus tierras para esclavizarlos. Ellos serían los encargados de hacer funcionar el modelo colonial europeo implantado en el llamado Nuevo Mundo. Durante siglos, les tocaría la parte del funcionamiento más inhumana y vituperable.

Afortunadamente, el siglo XIX sirvió de escenario a un proceso abolicionista, dilatado y asimétrico. Para unos, sus causas fueron hipócritas: el capitalismo en desarrollo necesitaba hombres con poder adquisitivo para comprar las mercaderías ofertadas. Otros prefieren incluir en sus análisis la cuota de humanismo que, sin dudas, estuvo presente en el proceso.

Sin embargo, una vez obtenida la libertad se abría una interrogante frente a los antiguos esclavos. Parte de ellos – no la más numerosa – escogió el reencuentro con sus semejantes en las lejanas comarcas africanas. Surgieron entonces movimientos de diversas denominaciones. Panafricanismo, negritud o retorno a África figuran entre los más conocidos.

Uno de los pioneros del retorno al África fue el descendiente de la etnia Ibo, nacido el 3 de agosto de 1832, en la caribeña isla de Saint Thomas, que en aquella época era una dependencia de Dinamarca. Llevaba por nombre Edgard Wilmot Blyden.

Según la opinión de algunos estudiosos de sus concepciones, existen líneas que pueden tomarse como estructuras fundamentales de su pensar. Para Blyden era obvio que los africanos tenía una patria: África. Una especie de gran país continental, ajeno a las fronteras internas que los europeos, caprichosa y malintencionadamente, delimitaron.



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Él abogaba por el reconocimiento de una nacionalidad africana, en África, escudo de los valores de aquellos pueblos y de sus hermanos al otro lado del Atlántico. En dicha concepción tuvo una influencia importante el nacionalismo europeo entonces en boga.

Fue un firme defensor del pasado de su continente y avizoraba su porvenir dentro de las más fructíferas manifestaciones. Para Blyden, el respeto a la cultura y valores africanos resultó un punto suficiente para levantar tribuna contra quienes no la reconocían.

Nunca creyó en la inferioridad africana proclamada por voceros europeos. Si su pueblo había atravezado por etapas de estancamiento, los motivos jamás podrían buscarse en el origen étnico, sino en las circunstancias por las cuales había atravesado.

Particular destaque merecen sus ideas respecto al aprendizaje de las naciones. Él confiaba en el intercambio de experiencias y enseñanzas.

Mas, la historia no siempre premia los esfuerzos más nobles. En medio de siglos de desarraigo, impuesto por las esclavizantes condiciones en medio de las cuales vivieron, miles de africanos habían asimilado otros patrones culturales y, alretornar, surgieron las discordancias.

Irónica paradoja en la vida de esos hombres.

martes, febrero 8

El gentilicio español visto en la distancia


Polémica resulta la designación de “español” para los habitantes de la península ibérica. Lo es, más para ellos mismos que para quienes no convivimos en aquel ámbito. En el centro de los conflictos están los fuertes lazos identificativos que ostentan buena parte de las regiones.

Hoy existen quienes prefieren ser llamados vascos, gallegos o catalanes – por solo mencionar algunos – antes que aceptar el calificativo de español. Muy variadas pueden ser las causas de esta actitud y no es la pretensión de estas líneas el penetrar en cada una de ellas, ni siquiera en las principales, tan solo actualizar en ciertos argumentos que se brindan por los defensores de una u otra posición.

Ciertas teorías sustentan una base cultural común que permite la defensa del gentilicio “español”. En busca de esas raíces retroceden en el tiempo por más de cinco centurias. En ese viaje al pasado se detienen, justamente, en el violento proceso desplegado durante la confrontación con los “moros”.

Sin lugar a dudas, el enfrentamiento al musulmán provocó cierto “olvido” de las diferencias internas. Tampoco sería válido ignorar que en los combates creció el orgullo español. Mas, las disimilitudes culturales eran imposibles de borrar, a pesar de las “hazañas” de la Reconquista.

Según otros estudiosos, la base material de la monarquía española cobró solidez con la unión de Aragón, Castilla y Granada. No obstante, este paso era aun insuficiente para contemplarla como una monarquía absoluta capaz de homogeneizar los perfiles culturales ibéricos.

Los intentos de los soberanos en pos de la centralización política se dirigieron contra las Cortes y los Ayuntamientos, instituciones de larga data en las tradiciones políticas y sociales de la península.


En la limitación al poder real incidió la fuerza alcanzada por dichas instituciones durante la Reconquista. Ella fue un proceso consumado mediante la liberación sucesiva de porciones de territorio; cada una se convirtió en reino autónomo con ínfulas de “nacionalidad” conformada. Emitieron múltiples leyes y sirvieron de acogedor nicho de acrisolamiento para buena parte de las costumbres regionales durante esa etapa.

Las conquistas también engendraron un poder férreo en los nobles, muy difícil de doblegar por los monarcas. Se fortalecieron las ciudades y pueblos del interior en su enfrentamiento al musulmán y cierto sentido de pertenencia, ligado a las posibilidades de sobrevivir, unió a múltiples comunidades en torno a ellas.

A su vez, la configuración peninsular y el intercambio comercial con las posesiones en la bota italiana contribuyeron a jerarquizar las ciudades marítimas en un sentido similar al de los asentamientos anteriores.

Debe agregarse, que durante los ochocientos años de luchas contra los árabes distaron de borrarse las costumbres inherentes a cada territorio. Hacia el final del proceso, en la parte septentrional predominaban costumbres de los godos y vándalos, mientras en la mitad meridional tenían particular fortaleza los hábitos de los propios árabes.

A tenor con esta teoría, el proceso de transculturación dentro del escenario ibérico, que recoge Fernando Ortiz en su obra cumbre, previo al que fuera parte de su atención para la mayor de Las Antillas, no tuvo como resultado un sujeto cultural único, ni homogéneo.

Resulta muy difícil encontrar una unidad cultural en esas condiciones, capaz de sostener una nacionalidad española. Su origen, si es que realmente está conformada, debe buscarse en otros procesos etnohistóricos.

lunes, febrero 7

Un viaje para hacer ciencia

Humbolt realizó múltiples aporte al desarrollo de las ciencias. Suman varias las disciplinas donde su labor dejó huella. En tan destacado trabajo es imposible negar la importancia de su periplo americano.

Efectivamente, el 5 de junio de 1799, zarpó del puerto de La Coruña, en la fragata Pizarro, para internarse, durante cinco años, en “las regiones equinocciales del nuevo continente”, como él mismo dejó plasmado en uno de sus libros.

Suelo venezolano, cubano, colombiano, ecuatoriano, peruano, mejicano y estadounidense, conoció de su indagatoria científica.

Para algunos entendidos, los resultados de su labor merecen encabezarse con los obtenidos en el campo antropológico. Allí destaca el descubrimiento del origen de los aborígenes americanos, reconociéndoles el derecho a su libertad política.

Mas, rango similar pueden ostentar aquellos realizados en microbiología, cuando se concentró en el estudio de la vida en agua dulce; o a los que han quedado en el plano de la zoología, donde describió animales de la América del Sur hasta entonces desconocidos en Europa.

El barón Humbolt descubrió la clorofila, estudió la respiración de los peces, abrió el camino a la electroterapia, realizando los experimentos en su propio cuerpo. También realizó las primeraas descripciones de los océanos, mediante las cuales estableció el recorrido de la corriente que hoy lleva su apellido.

Dentro de la meteorología realizó análisis de la composición química atmosférica, la circulación subterránea del aire y el comportamiento de las tormentas tropicales.

Su campo de estudios alcanzó, además, a la geofísica. En nuestros dias llevan su nombre las observaciones magnéticas y pudo establecer la declinación magnética de los polos. También en geología ha dejado un rastro fructífero, al establecer las similitudes en la litosfera americana, europea y asiática.

Para el trazado de los mapas de América del sur y Central fueron tomadas sus observaciones astronómicas y barométricas. Súmesele el establecimiento de la periodicidad en la caída de los meteoros.

Él describió el calendario azteca, coleccionó más de sesenta mil especimenes de plantas y un sinnúmero de méritos científicos más que tornarían interminables esta enumeración.

Sin temor a equivocaciones, entre las figuras a destacar en el conocimiento del entorno americano, la personalidad de Alejandro de Humbolt tiene reservado un lugar muy especial.

domingo, febrero 6

La virgen de la Caridad de Nipe

El paisaje cultural de la Virgen de la Caridad fue ampliamente reseñado. El hecho se produjo el pasado miércoles 2 de febrero, en el traspatio de la sede provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en Holguín.

Un tema sobre la Patrona de Cuba tenía que levantar expectativas. El espacio “Por las sendas de la memoria”, que auspicia la referida organización, tuvo esta vez una de sus mayores concurrencias.


Los masteres Ángela Peña y Roberto Valcárcel, en unión del ingeniero Miguel Ángel Urbina, tuvieron a su cargo la disertación. Ellos forman parte de un equipo de trabajo que estudia los pormenores de la aparición, en la Bahía de Nipe, y su posterior traslado al poblado santiaguero de El Cobre, en el siglo XVII.

Un sintético recorrido por los estudios realizados en torno al tema, con la muy importante información de que todos los nombres que se mencionaron como protagonistas, en la leyenda, tuvieron existencia real, según pruebas documentales.


A continuación, el entorno aborigen ocupó el centro de la disertación. Los hechos históricos ocurrieron en parajes donde la concentración de sitios arqueológicos es grande. Algunos han arrojado resultados investigativos muy peculiares.

Este aspecto del tema cobra particular significación al tratarse de una virgen calificada por algunos estudiosos como “mestiza”. Todo un símbolo de la transculturación. Proceso de donde surgió el cubano.
Refiriéndose a ese proceso, los especialistas apuntaron en su disertación que las evidencias indican una pervivencia prolongada entre hispanos y aborígenes. Sin negar el típico genocidio que acompaña a cualquier referencia sobre tales relaciones, pero tampoco absolutizándolo.

Finalmente, la narración del trabajo realizado, en lo que a reconstrucción del paisaje geográfico se refiere, ocupó a los disertantes. Este acápite centro los debates que se realizaron a continuación y emanaron los contradictorios resultados obtenidos por diversos investigadores.


Sin dudas, el tema es apasionante. La parte de la leyenda que menos se conoce estuvo en el centro de los debates. La deidad aceptada por el catolicismo tiene un significado muy especial entre creyentes y no creyentes. Es un símbolo de cubanía, de identidad. A él los cubanos no renuncian.

sábado, febrero 5

…no es la primera piedra. ¡Tampoco la última!

El único ser capaz de versionar el acontecer pretérito es el hombre. Cuando lo hace, opta siempre entre ocupar un lugar protagónico, o elegir como objeto de estudio algún elemento o actividad circundante.

Cualquier cosa puede ser historiada. Mas, recalco, solo existe un ente apto para realizarlo, el ser humano. Tanto en el planeta Marte, como en cualquier otro rincón del universo, todavía no se ha confirmado la existencia de vida inteligente.

A semejanza de cualquier fruto, la perspicaz pervivencia de las ciencias históricas está condicionada a la presencia de la única criatura dotada de poderes “lógicos”, sobre un escenario habitable.

No obstante, ¿cuánto tiempo puede perdurar la especie humana? Si desapareciera, cesaría no solo la actividad investigativa en el campo de la historia, sino también la Física, las Matemáticas, la Química, la comunicación mediante lenguaje articulado, la sonrisa a los semejantes, el éxtasis ante acordes melodiosos …

Sin embargo, los estudiosos pronostican el apagón definitivo del astro Sol. Cuando llegue ese estremecedor minuto, habrá dejado de existir cualquier tipo de vida sobre el planeta Tierra. Pero todavía tenemos algunos miles de millones de años, para que el ingenio terrenal encuentre los recursos necesarios para el traslado a galaxias o universos donde preservar la especie…

¡Si no se fastidia antes!

¡Si!

Porque las criaturas dotadas de raciocinio son exclusivas, poco frecuentes en una escala universal y,- aunque capaces de recoger sus memorias, hacer progresar las Matemáticas, la Física o la Química, únicos en facultades para el deleite del vibrante trinar de un pájaro, la melodiosa nota de un arpa, o los sugerentes colores de una composición pictórica -, mientras viven, destruyen su hábitat y, con él, son antropófagos de si mismos.



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En consecuencia, todas las ciencias que inciden en la opinión – no solo la Historia – están retadas al logro de la comprensión, capaz de detener ese vandalismo contemporáneo. No ha de producirse solamente en nombre del aire, las aguas, los peces o los loros exóticos. Debe realizarse también en pos de la supervivencia de la especie racional y en nombre de esa virtud racional.

Un producto de la inteligencia son las sofisticadas armas nucleares, empleadas para resolver, por la fuerza, las diferencias, cuando el intelecto muestra su ineptitud. Una hecatombe nuclear puede poner fin a la ineptitud, a la fuerza y hasta a las armas; pero solo lo lograría al costo del exterminio humano.

Es preferible emplear la racionalidad en la búsqueda de los antídotos contra las pandemias y en la educación para el uso eficiente de los recursos. Únicamente bajo su imperio los hombres podrán gozar de igualdad.

Pensadores como Peter Stern confían que puede escribirse una historia del futuro, con influencia en el pensamiento de la actualidad. Ya una vez Hegel creó un modelo a alcanzar, Marx propuso el suyo. Pueden ser contrapuestos, pero expresan la aspiración social desbordando el instante donde se vive.

La Historia tiene capacidad para proyectarse en ese sentido; brotar en el pasado, enriquecerse con la dimensión ambiental y conquistar los confines de la existencia humana.

Resulta valiosa la defensa del entorno; especialmente, y más allá de la propia belleza de las flores, por la capacidad de disfrutar su fragancia a plenitud; deleite solo reservado al homo sapiens.

¿Preferirías que fuera de otra manera?

viernes, febrero 4

La negación del sujeto científico individual

El investigador siempre realiza una labor social. Puede existir quien niegue esta realidad. Quizás influya en esa negativa el ambiente de brega personal donde determinados científicos han desplegado su faena.

Varios factores sirven de argumento al carácter social de la ciencia. El primero de ellos está dado por la conformación del ideal gnoseológico. Esa especie de blanco a donde apuntar. En su conformación juegan un papel primordial necesidades sociales.

La búsqueda de soluciones científicas es común que se formule dentro de instituciones. Es difícil encontrar un país en el cual esta actividad se conciba fuera de programas y proyectos. Tal procedimiento resulta indispensable para la búsqueda de fondos. El dinero, difícilmente, aparezca si no está destinado a satisfacer intereses organizacionales, cuyo fin último es la sociedad.

La aceptación de un nuevo conocimiento siempre transcurre con la búsqueda, al menos, de un consenso en la comunidad científica. Particular realce alcanzan para ellos los eventos, redes de trabajo, publicaciones y variados instrumentos y escenarios.

Cierto es que la subjetividad tiene una presencia imposible de obviar. Ello determina que el consenso logrado sea conflictivo, a pesar de los aspectos donde hayan aparecido acuerdos.

Por otro lado, el nuevo conocimiento arrojado por la investigación, para cumplir con las demandas institucionales, debe transgredir las fronteras del científico o el grupo de investigadores. Generalmente, pasa a estructurarse en programas educacionales.

Dichos programas son parte de una decisión institucional y, en ocasiones, hasta el Estado toma parte en su proyección e implementación.

A su vez, desde que el investigador formula sus problemas e hipótesis para llenar alguna laguna informativa, ya tiene en mente – todavía cuando sea de una manera difusa – las vías y procedimientos para convertir su conocimiento en bienes o servicios de beneficio múltiple.

Cuando este proceso se realiza en países subdesarrollados, resulta difícil que la introducción del resultado esté ajena a prioridades económicas, intereses varios – incluso individuales –y rasgos culturales.

Como vemos, difícil resulta encontrar una actividad científica en la que el carácter social deje de estar presente. El binomio ciencia-sociedad es monolítico, aunque pueda aparentar que contiene tendencias desmembrantes.