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lunes, noviembre 6

Aprecio y menosprecio de la compilación

¿Qué hacer para que una compilación sea catalogada como buena? Esta
pregunta me la realizó todo un maestro de la profesión, mi amigo José
Abreu. Fue una sorpresa porque la primera vez que participé en la
creación de una compilación fue, precisamente, bajo su dirección.
Abreu es así, gusta de perfeccionar el conocimiento historiográfico en
cada segundo de su existencia y busca la información más allá de los
textos. Él es un eterno amante de la experiencia y la compilación es
un género que arroja mucha.
Algunas bondades de la compilación
Con el historiador que antes he mencionado conocí de las ventajas de
producir una compilación. En oportunidades existen colegas que no le
ven al género el mérito suficiente para hacerlo parte de su labor.
Ellos asumen a la compilación como una mera reunión de materiales que
para nada necesita de la valoración de quienes la realizan. Sin
embargo, según palabras de Abreu, la compilación baja, enormemente, el
costo de las investigaciones históricas.
La investigación histórica es una inversión económica, requiere
traslado a centros de información distantes, que muchas veces no han
puesto sus materiales en la nube creada por el mundo digital. ¡Cuánto
ahorra entonces una compilación publicada!
En el confort de su hogar, el investigador puede consultar la
compilación y ahorrarse tiempo y recursos económicos.
Pero la compilación cumple un fin divulgativo más: ella lleva a las
manos de un público general los materiales que nunca se molestaría en
consultar en un archivo. La historia puede transitar por los espacios
humanos más populares gracias a la compilación.
El aporte del investigador a la compilación
Quienes menosprecian a la compilación porque no ven en ella las
aptitudes valorativas del investigador, olvidan que, el grueso de los
materiales que la componen, casi siempre va precedido de una
introducción. Se ha utilizado tantas y en tan variados contextos esa
palabra que poco queda esclarecido cuando la relaciono con la
compilación.
La introducción se convierte en un pequeño ensayo. Puede tener la
extensión de un artículo de los que publicamos en cualquier revista, o
sobrepasar por los confines del capítulo de un libro y terminar siendo
un volumen menor dentro de ese libro mayor que es la compliación.
Lo verdaderamente decisivo es la calidad de las ideas que el
historiador vuelque en esa introducción. Ella brinda la oportunidad de
expresar la tesis que ha elaborado el investigador sobre los hechos
contenidos en los materiales que componen la compilación. De ese punto
en adelante, el posible aporte es infinito.
El trabajo que exige la compilación
Es difícil encontrar una buena compilación sin un crecido número de
notas aclaratorias puestas a pie de página o al final del trabajo. Los
materiales que recogen la actividad del hombre siempre van
impregnados del ambiente donde se mueven sus autores, tanto el
material como el espiritual. ¡Y ya sabemos cuan variada es la raza
humana!
Los habitantes de una región no pocas veces usan localismos que son
incomprensibles hasta sus vecinos más cercanos. ¡Ah, cómo se agradece
una buena nota que nos los descifre cuando forman parte de una
compilación!
Pero el lector que se adentra en las páginas de una compilación
agradece mucho más. Una cronología lo ayudaría a mantenerse al tanto
del transcurso del tiempo. Gustan mucho las que exponen los hechos
específicos y los relacionan con dos columnas más, una para el
panorama nacional y otra para el internacional. La compilación abre
sus códigos cuando la incluimos.
Nunca debemos olvidar lo índices. Los hay de muchos tipos en
dependencia de los marteriales que incluyamos en la compilación.
Existen quienes los clasifican así.
• Índice general o de contenido de la obra
• Índice de materia
• Índice analítico
• Índice onomástico
• Índice de ilustraciones
• Índice de piezas musicales
• Índice geográfico o toponímico
Un buen glosario, que incluya conceptos, o términos poco conocidos por
su especificidad, también puede despertar la gratificación del
lector. Hay quien incluye mapas explicativos, gráficos, organigramas y
cuanta obra de la creación pensante pueda ocurrírsele. El objetivo
siempre será hacer menos enigmáticos los materiales contenidos en la
compilación.


--
Minervino Ochoa historiador
pensamientoiberoamericano.blogspot.com | amazon.com/author/minervinoochoa

lunes, abril 24

RECICLANDO EL IDIOMA



Ya se sabe que la lengua o idioma es un fenómeno vivo, que se enriquece o se empobrece, pero que está siempre cambiando. Gracias a  las frases hechas, trilladas y comunes, hemos llegado a pensar menos de lo que se cree. La herencia histórica ha puesto al alcance, no de la mano, sino de nuestros labios, un gigantesco arsenal de frases cómodas que repetimos, seguros de que son verdades irrebatibles avaladas por el tiempo.Decimos lo mismo que otros pensaron hace años porque resulta más fácil que elaborar un pensamiento propio. Ahí están, a nuestra disposición, la cultura pre-fabricada y la sabiduría en conserva que son los refranes.
Del refranero ya va quedando poco, y lo digo con pena. Eran sentencias breves con un contenido aleccionador moralizante. Sobrevivieron mientras la tradición oral trasmitía la sabiduría popular de generación en generación. Hoy, el conocimiento, no la sabiduría, se trasmite por Internet y nadie se preocupa mucho por dar lecciones de moral. De modo que el refrán se ha ido extinguiendo junto con nuestros abuelos, bisabuelos y tatarabuelos, como si hubiera sido un dinosaurio. A su desaparición mucho ha contribuido la vida moderna que ha dejado poco tiempo para compartir con hijos y nietos, como se hacía antes. Ahora, los padres en lo suyo y  los niños con el “tablet”.
No obstante, como la lengua es tanto legado familiar como social, la frase hecha o clisé ha sobrevivido. Por ejemplo, si hay que dirigirse al público, siempre está el que comienza diciendo que “va a ser breve”, aunque después se extienda hasta dormir al auditorio. Hay quien cree conveniente aclarar que “no es el indicado para hablar del asunto”, pero habla. Otros inician diciendo que “no tienen nada que agregar a lo dicho por el que habló antes”, pese a lo cual, también terminan diciendo lo suyo. Son frases hechas que han resistido el paso del tiempo. Hoy, parece estar de moda, por su frecuencia de uso, comenzar con frases tales como “Hay que decir que…”, y sus variantes abreviadas “Decir que…” o “Informar que…” cuando basta con decir lo que es preciso sin preámbulo ni anuncio.
En el mundo académico y en el sector de la cultura hay conferencistas que viven del idioma enlatado y del pensamiento ajeno. A cada momento parafrasean o citan figuras de renombre y prestigio, conectan las ideas, muchas veces prestadas, con enlaces huecos como “un poco que…”, “una suerte de…” y, a lo mejor, para ser todavía más originales, terminan con la última idea que publicó el diario Granma.
Cuando citamos a los grandes se persiguen tres cosas: primero, que sepan que hemos leído a los grandes; segundo, validar nuestro discurso y tercero, ver si, de algún modo, nos toca un rayito de luz de ese iluminado que se ha citado. Los hay que llevan siempre bajo la axila a Nietzche, Jung, Foucault, Sartre, entre otros, como si el talento se trasmitiera por ósmosis. Lamentablemente, el talento no se pega como los piojos en las cabezas de los niños. Se tiene o no se tiene.
En la televisión también es frecuente oír la frase hecha. El atleta entrevistado nunca deja de decir que “ha dado o dará lo mejor de sí”, según la fecha del evento. El comentarista deportivo refuerza esta imagen diciendo también que el atleta  “dio lo mejor de sí” o que salió al terreno “a darlo todo”. El obrero manual, el científico o el artista dirán que el éxito alcanzado se debe a que “todo lo han hecho con mucho amor”. A veces la intervención del entrevistado no es más que un rosario de consignas mal hilvanadas extraídas de los medios oficiales. Cuando se le acaba el repertorio, entonces recurre a una nueva frasecilla que actúa como muletilla: “y nada…”
La frase hecha no es solo la que estamos oyendo desde niños, es también el término nuevo,que nadie sabe quién acuñó, pero que se pone de moda. Es innegable que la lectura de textos publicados en países latinoamericanos ha influido en el español hablado en Cuba. Muchos especialistas ya no hablan de sus aportes, sino de sus “aportaciones”; y el científico ya no hace planteamientos, sino “planteos”. Casi nadie lleva a cabo un estudio o una investigación, la mayoría hará un “acercamiento”. Ya no se cree en algo o uno se identifica con alguien. Ahora“se apuesta” a algo o a alguien.
Es nuevo también sustituir la frase conjuntiva “a pesar de…” por “Amén”, frase que en lengua semítica significa “que así sea”, “en verdad”, “que así conste”. Por ejemplo, se oye en la radio “Se cumplió el plan de molida amén del retraso que ocasionaron las lluvias”. Es evidente que lo dicho no corresponde a lo que se quiere decir. ¿Sabrá el Papa Francisco del descabellado uso que le damos a esta exclamación litúrgica?
Poco a poco se va imponiendo un nuevo léxico. Es la renovación continua del idioma. Ahora las ideas expuestas no se basan en algo, sino se “afincan”. No se le confiere a un fenómeno un nuevo significado, ahora se “resemantiza”. La lectura de un texto importante ya no es conveniente o necesaria, ahora es “texto de obligada consulta”. El escritor homenajeado, o adulado, que no es lo mismo pero es igual, será siempre “una de esas voces imprescindibles dentro de la literatura universal, latinoamericana, nacional o local”, no importa de dónde sea, el que habla sabe que lo invitaron para inflar más la grandeza de la figura de turno. Si nos atenemos a lo que se dice, casi todos los intelectuales serían imprescindibles; pero la verdad la dirá solo el tiempo.
Hay también críticos que disponen de un repertorio de adjetivos que emplean lo mismo para referirse a un Premio Nobel que a un poeta local en ciernes. Tampoco importa, porque nuestra conformidad será la misma y, al final, hasta aplaudiremos como si hubiéramos oído una novedad.
Pero en la renovación de la lengua no todos son aciertos. Con frecuencia oímos en la radio o en la TV: “El grupo musical está integrado por dos vocalistas, tres guitarras y una batería como tal”.Sin comentarios. Está también el que refuerza su idea con el disparate “por tanto y demás”. O aquel que detiene su discurso para llamar nuestra atención con la muletilla “¿Ve?” cuando no hay nada que ver, sino en todo caso,oír.
Ahora es frecuente que a cualquier actividad se le confiera la condición de histórica.  No importa si es un evento internacional de estadistas, un Taller de artes manuales para amas de casa, un encuentro local de pelota o un concurso pioneril de lectura. Si entrevistan a alguno de sus organizadores o algún participante, dirá sin vacilar que fue un hecho histórico. Habría que preguntarse qué piensan de esto los historiadores. Atribuir a cualquier hecho intrascendente el calificativo de histórico rebaja nuestra propia historia.
En el orden doméstico la frase hecha también sobrevive. Todos tenemos esos amigos atentos que se nos presentan con un regalito y nos dicen que “es una bobería” o “un detalle”, para que veamos que nos recuerdan. Es el mismo que nos dice la mentira piadosa de que “la madre y la hija parecen hermanas” y que “nuestro perro es tan inteligente que solo le falta hablar”. También está el amigo que ha dejado de vernos y cuando nos encuentra, a pesar de las canas, las arrugas, los espejuelos y 50 libras de más, nos abraza diciendo: “estás igualita”. En cualquier reunión está el de “para no hacerte el cuento largo”. O el que se interrumpe de vez en cuando para decir “no sé si tú me entiendes”, como si fuéramos retrasados mentales. Frases tan comunes que ya nadie recuerda quién las dijo primero.
En el velorio de hoy se dice lo mismo que en los velorios del siglo anterior. Pero es que este es un evento social tan lamentable que no acepta innovaciones lingüísticas. Todos llegamos diciendo: siento mucho la pérdida o lamento la novedad. Otros se presentan con reflexiones filosóficas de borrachos de esquina y aseguran que “no somos nada”. Quienes han seguido la enfermedad del difunto nos aclaran con tristeza que “ayer mismo estaba tan bien…” enseguida alguien lo confirma diciendo que “hasta había tenido una mejoría dentro de la gravedad”. No falta el amigo que llega corriendo y espantado para contar lo que hacía cuando le dieron la noticia, como si la interrupción de su actividad fuera más importante que el deceso. Es que el impacto no le deja decir nada mejor. Siempre está el pariente cercano que se consuela repitiendo que “no le faltó nada”…y el de creencias oscuras que comenta aparte que “lo soñó y todavía se eriza”. En ningún velorio falta el alma noble que está viendo el féretro, el cadáver, las flores y las velas, pero insiste en que “le parece mentira” y que “todavía no puede creerlo”. En tales circunstancias, todos usamos el idioma enlatado, la frase en conserva. Esa frase hecha, trillada y común, que triunfa y se impone, a pesar del tiempo, porque no estamos habituados a ser obreros del pensamiento. Si hablamos hoy con la originalidad del siglo anterior, quizás sea por pereza, por temor a generar una idea peligrosa o para no equivocarnos. Y es que pensar siempre ha sido un riesgo. Así que, para ser coherente con el tema, termino con una frase hecha: Gracias por la atención prestada.

jueves, abril 13

Cultura criolla e iglesia



La cultura criolla nunca desarrolló antagonismos medulares con el dominio colonial español. Es la tesis que sostiene Rigoberto Segreo en su libro La Iglesia en los orígenes de la cultura cubana, donde analiza el

martes, abril 4

A pensamiento



El carácter científicamente transgresor del pensamiento de RigobertoSegreo tiene múltiples aristas. A similitud de otras oportunidades, reitero que uso el término transgresión como condición indispensable para

lunes, marzo 27

Pueblo y estado entre el extravío y la virtud



Que la virtud da luz y ennoblece es un secreto a voces, pero pocas veces se ha entendido que ella es el nexo cardinal entre el pueblo y el estado. Dicha relación es desarrollada por el jurista venezolano Hugo Argotti

Fidel



Se ha vuelto historia un grande y ha dejado días de impresiones fuertes. He escuchado el decir de muchos  sobre Fidel y en el balance se ha impuesto el cariño y la admiración. También han existido disonancias. Me