Las
guerras por el agua pueden convertirse en el tema preferido de los
historiadores en pocos años. Digo, si queda algún historiador para contarlas,
porque la falta del preciado líquido es más letal que una explosión nuclear. De
la explosión atómica algunos se pueden librar en refugios construidos al
efecto. Sin embargo, el ser humano apenas sobrevive unos pocos días si el
estado sediento se prolonga.
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viernes, octubre 24
viernes, marzo 15
Otra vez la guerra de las salamandras
Todavía recuerdo la impresión que dejó en mí la lectura de la novela "La guerra de las salamandras" de Karel kapec. Fue un hecho de mi recién comenzada la juventud y, en lugar de centrarme en el mensaje medular de la obra, me puse a cuestionar la existencia de otra especie, ajena a la humana, capaz de realizar actos irracionales como los que habían acometido las salamandras en la referida no abuela.
Por esos años leía y leía, pero estaba ajeno todavía, al poder de la literatura como instrumento capaz de movilizar voluntades, empleando ése recurso inapreciable - cuando se utiliza por motivos nobles y valederos - que es el sentimiento, la capacidad de emocionarse ante determinadas situaciones. Tiene tanto poder, en su función social, como el más probado argumento aportado por una investigación científica.
Es que el hombre tiene una mitad de raciocinio y otra de exaltación, vehemencia, amor, piedad, emanados de las profundidades de su sensibilidad humana. Cuando se trata de defender la legitimidad de una causa, ambas mitades se unen. Entonces son invulnerables.
"La guerra de las salamandras" contiene una profunda invitación a la reflexión sobre las relaciones entre los seres humanos y en medio ambiente. Durante siglos, estuvieron matizadas por la concepción antropocéntrica. De ella intenta sacarnos la novela de marras.
¿Qué ocurriría si no fuésemos la única especie racional sobre la paz de la tierra? ¿Qué ocurriría si otra especie estuviese dotada de similar capacidad y su supervivencia dependiese de afectar la nuestra? ¿Porque no ponerse de acuerdo en una situación así? Y ¿por qué no lo hacemos ahora, aunque seamos los únicos seres inteligentes del universo?
Hasta el momento de su salida, la novela aprovechaba las fibras del alma para proponer estas interrogantes. Los años han transcurrido, la situación es mucho más crítica. Hoy está en peligro la supervivencia humana para décadas bastante cercanas, pero no por la acción de salamandras perspicaces. Hoy quien amenaza la supervivencia humana es la propia especie dotada de neuronas pensantes.
Por suerte, en el cerebro colectivo de la humanidad hay un espacio para la comprensión y la emoción, en nombre de su especie y en el de las restantes criaturas del planeta. La preocupación alcanza también al suelo, el subsuelo, el agua, el aire, la flora.
Cuando se habla de ecología, ya no sólo se hace la historia del efecto nocivo de la actividad antropogénica sobre medio ambiente. Además del accionar, ha surgido el elemento cultural que toma forma en el pensamiento y las políticas ambientalistas. Tanto el primero como la segunda, incluyen la esfera jurídica. Cuba es uno de los países con amplio cuerpo legislativo en materia ambientalistas. Cabe preguntarse ¿todos y cada uno de los cubanos - responsables directos de su aplicación - conocemos esas leyes? ¿Cuáles son los principios sobre los que fueron elegidas?
Las respuestas a estas y otras interrogantes se encuentran en las páginas del libro "Derecho y medio ambiente", escrito por un numeroso grupo de autores que os centran, además del pensamiento jurídico, una experiencia práctica conservacionista en diferentes estancias de tal tipo y, además, una actividad docente de loable alcance. Son, para decirlo de manera más entendible, entendidos teórico-prácticos del conservacionismo ambientalistas.
Conviene destacar el aspecto práctico. Al mundo no hay que conservarlo tal y como está, ya él planeta está dañado. ¿Qué tendría de positivo una actitud quietista? Conservar no implica estatismo. Todo lo contrario, conservar lleva implícita una dinámica extraordinaria.
Cuando se dice conservar, es mantener el aire en condiciones de respirarse, el agua al alcance de todos con una pureza prístina. En fin, conlleva a asegurar un legado de vitalidad a los futuros moradores de La Tierra.
Para conservar es preciso restaurar, recuperar y, sobre todo, no renunciar al desarrollo, pero en condiciones sustentables. Contempla satisfacer las crecientes necesidades de una población también creciente. Mas, la transformación ha de realizarse en términos manejables.
Las políticas ambientalistas inician su tránsito hacia la materialización en la medida que se convierten en leyes y obligatorio cumplimiento. De las pragmáticas emergen las instituciones, organizaciones e instancias encargadas de darle cuerpo tangible. Pero los cumplidores esas leyes, jamás podrán contemplarlas como molestas imposiciones.
La ley es sabia cuando su cumplimiento se convierten costumbre, en hábito. Cuando pasa de una generación a otra como componente cultural. Sería imposible aspirar a ello sin una educación ambiente ambientalista. Los autores, para nada ignoran dicha praxis.
Un libro producto del equipo donde predomina ésa integración es muy útil. Agreguemos que los autores no han estado interesados en demostrar su indiscutible e indiscutido conocimiento, mediante tecnicismos o términos rebuscados. A habla la lengua del hombre común. Se presentan como eruditos comunes. Logran, entonces, un alcance social de mayores dimensiones.
Además de revelar los códigos jurídicos, introducen al lector en los abundantes vericuetos del ecología, no como implacables inquisidores, sino como vías y como co-participantes en una actividad que, por fuerza, debe convertirse en cotidiana. Utilizan razones, pero también tienen una manera muy sencilla de tocar a las puertas de sentimiento. Con ellos están echadas las bases para una fructífera relación entre el hombre y las inexistentes, pero siempre presentes, salamandras ambientalistas.
sábado, febrero 5
…no es la primera piedra. ¡Tampoco la última!
El único ser capaz de versionar el acontecer pretérito es el hombre. Cuando lo hace, opta siempre entre ocupar un lugar protagónico, o elegir como objeto de estudio algún elemento o actividad circundante.
Cualquier cosa puede ser historiada. Mas, recalco, solo existe un ente apto para realizarlo, el ser humano. Tanto en el planeta Marte, como en cualquier otro rincón del universo, todavía no se ha confirmado la existencia de vida inteligente.
A semejanza de cualquier fruto, la perspicaz pervivencia de las ciencias históricas está condicionada a la presencia de la única criatura dotada de poderes “lógicos”, sobre un escenario habitable.
No obstante, ¿cuánto tiempo puede perdurar la especie humana? Si desapareciera, cesaría no solo la actividad investigativa en el campo de la historia, sino también la Física, las Matemáticas, la Química, la comunicación mediante lenguaje articulado, la sonrisa a los semejantes, el éxtasis ante acordes melodiosos …
Sin embargo, los estudiosos pronostican el apagón definitivo del astro Sol. Cuando llegue ese estremecedor minuto, habrá dejado de existir cualquier tipo de vida sobre el planeta Tierra. Pero todavía tenemos algunos miles de millones de años, para que el ingenio terrenal encuentre los recursos necesarios para el traslado a galaxias o universos donde preservar la especie…
¡Si no se fastidia antes!
¡Si!
Porque las criaturas dotadas de raciocinio son exclusivas, poco frecuentes en una escala universal y,- aunque capaces de recoger sus memorias, hacer progresar las Matemáticas, la Física o la Química, únicos en facultades para el deleite del vibrante trinar de un pájaro, la melodiosa nota de un arpa, o los sugerentes colores de una composición pictórica -, mientras viven, destruyen su hábitat y, con él, son antropófagos de si mismos.
Con solo un click te actualizas
En consecuencia, todas las ciencias que inciden en la opinión – no solo la Historia – están retadas al logro de la comprensión, capaz de detener ese vandalismo contemporáneo. No ha de producirse solamente en nombre del aire, las aguas, los peces o los loros exóticos. Debe realizarse también en pos de la supervivencia de la especie racional y en nombre de esa virtud racional.
Un producto de la inteligencia son las sofisticadas armas nucleares, empleadas para resolver, por la fuerza, las diferencias, cuando el intelecto muestra su ineptitud. Una hecatombe nuclear puede poner fin a la ineptitud, a la fuerza y hasta a las armas; pero solo lo lograría al costo del exterminio humano.
Es preferible emplear la racionalidad en la búsqueda de los antídotos contra las pandemias y en la educación para el uso eficiente de los recursos. Únicamente bajo su imperio los hombres podrán gozar de igualdad.
Pensadores como Peter Stern confían que puede escribirse una historia del futuro, con influencia en el pensamiento de la actualidad. Ya una vez Hegel creó un modelo a alcanzar, Marx propuso el suyo. Pueden ser contrapuestos, pero expresan la aspiración social desbordando el instante donde se vive.
La Historia tiene capacidad para proyectarse en ese sentido; brotar en el pasado, enriquecerse con la dimensión ambiental y conquistar los confines de la existencia humana.
Resulta valiosa la defensa del entorno; especialmente, y más allá de la propia belleza de las flores, por la capacidad de disfrutar su fragancia a plenitud; deleite solo reservado al homo sapiens.
¿Preferirías que fuera de otra manera?
Cualquier cosa puede ser historiada. Mas, recalco, solo existe un ente apto para realizarlo, el ser humano. Tanto en el planeta Marte, como en cualquier otro rincón del universo, todavía no se ha confirmado la existencia de vida inteligente.
A semejanza de cualquier fruto, la perspicaz pervivencia de las ciencias históricas está condicionada a la presencia de la única criatura dotada de poderes “lógicos”, sobre un escenario habitable.
No obstante, ¿cuánto tiempo puede perdurar la especie humana? Si desapareciera, cesaría no solo la actividad investigativa en el campo de la historia, sino también la Física, las Matemáticas, la Química, la comunicación mediante lenguaje articulado, la sonrisa a los semejantes, el éxtasis ante acordes melodiosos …
Sin embargo, los estudiosos pronostican el apagón definitivo del astro Sol. Cuando llegue ese estremecedor minuto, habrá dejado de existir cualquier tipo de vida sobre el planeta Tierra. Pero todavía tenemos algunos miles de millones de años, para que el ingenio terrenal encuentre los recursos necesarios para el traslado a galaxias o universos donde preservar la especie…
¡Si no se fastidia antes!
¡Si!
Porque las criaturas dotadas de raciocinio son exclusivas, poco frecuentes en una escala universal y,- aunque capaces de recoger sus memorias, hacer progresar las Matemáticas, la Física o la Química, únicos en facultades para el deleite del vibrante trinar de un pájaro, la melodiosa nota de un arpa, o los sugerentes colores de una composición pictórica -, mientras viven, destruyen su hábitat y, con él, son antropófagos de si mismos.
Con solo un click te actualizas
En consecuencia, todas las ciencias que inciden en la opinión – no solo la Historia – están retadas al logro de la comprensión, capaz de detener ese vandalismo contemporáneo. No ha de producirse solamente en nombre del aire, las aguas, los peces o los loros exóticos. Debe realizarse también en pos de la supervivencia de la especie racional y en nombre de esa virtud racional.
Un producto de la inteligencia son las sofisticadas armas nucleares, empleadas para resolver, por la fuerza, las diferencias, cuando el intelecto muestra su ineptitud. Una hecatombe nuclear puede poner fin a la ineptitud, a la fuerza y hasta a las armas; pero solo lo lograría al costo del exterminio humano.
Es preferible emplear la racionalidad en la búsqueda de los antídotos contra las pandemias y en la educación para el uso eficiente de los recursos. Únicamente bajo su imperio los hombres podrán gozar de igualdad.
Pensadores como Peter Stern confían que puede escribirse una historia del futuro, con influencia en el pensamiento de la actualidad. Ya una vez Hegel creó un modelo a alcanzar, Marx propuso el suyo. Pueden ser contrapuestos, pero expresan la aspiración social desbordando el instante donde se vive.
La Historia tiene capacidad para proyectarse en ese sentido; brotar en el pasado, enriquecerse con la dimensión ambiental y conquistar los confines de la existencia humana.
Resulta valiosa la defensa del entorno; especialmente, y más allá de la propia belleza de las flores, por la capacidad de disfrutar su fragancia a plenitud; deleite solo reservado al homo sapiens.
¿Preferirías que fuera de otra manera?
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