expr:class='"loading" + data:blog.mobileClass'>

Translate

Mostrando entradas con la etiqueta antropologia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta antropologia. Mostrar todas las entradas

martes, marzo 6

Al laboratorio de los investigadores sociales

(Palabras de apertura del Pabellón de Ciencias Sociales de Holguín de la 21 Feria Internacional del Libro)

La gran fiesta cubana de la letra impresa ha llegado a Cayollano. Lugar donde se recuerda poco uno de sus toponímicos iniciales.
Sin embargo, la búsqueda de placer por parte de los lectores, sumergiéndose en las páginas de los distintos volúmenes, es tal que desborda cualquier referencia al lugar donde la cita se celebra. Hay sed de lectura.



El desarrollo del evento en la zona occidental fue seguido con interés desde esta otra parte del país. Los títulos, los autores, los precios, la cantidad de ejemplares impresos y cuanta información arrojara luz sobre la cita,  centró la atención de los cayollaneros, como pudimos habernos llamado quienes hoy portamos el gentilicio de holguineros.

Ha habido la natural preocupación por los títulos que se agotan antes de llegar acá. Informaciones televisivas referentes a las dificultades en el sistema editorial constituyeron un elemento más para la inquietud en ese sentido.

Pero, con seguridad, veremos las obras de los holguineros publicadas por editoriales nacionales, los títulos de Ediciones Holguín, el primer libro de la Editorial La Mezquita, el último Premio de la ciudad, ganado por Rolando Bellido: “El humo de Battle Creek”, la reedición de El Aguila Negra, de Angel Quintana y diversos títulos más.

Interesa destacar, particularmente, los tres premios del escritor Rigoberto Segreo: el de la crítica, el de ensayo de la Revista Temas y el Ramiro Guerra, otorgado por la Unión de Historiadores de Cuba y que se le entregará pasado mañana a las cinco de la tarde, en la extensión de este Pabellón de Ciencias Sociales, ubicada en el Museo Casa Natal de Calixto García, que lleva por nombre el del ilustre historiador José Luciano Franco.

Entre las mayores expectativas se encuentran las temáticas que abordan los libros. Es que esta feria del libro se celebra en momentos muy peculiares.

Comienzan a quedar atrás, y a la vez, a estar cada día más presentes las opiniones de los delegados al Sexto Congreso del Partido y la Primera Conferencia del propio organismo. Aunque determinadas opiniones puedan diferir, existe mucha relación entre esos cónclaves y esta Feria del Libro.

El primero abundó sobre los recursos y, aunque el hombre estaba mezclado con ellos, no siempre apareció en primer plano. La segunda se dedicó completamente al ser humano, al ente que trabaja con los recursos y que establece relaciones con otros hombres para vivir, producir, crear, avanzar, progresar, o para hacer todas esas cosas juntas, mal, regular o bien.

En el Sexto Congreso parecía que una ciencia se apoderaba del panorama: la economía. Para algunos, ella es una ciencia básica, dada su relación con la matemática; para otros, es una ciencia social más, porque sin hombre no hay economía.

Existen quienes, irónicamente, comparan, al agujero abierto por un canino para guardar un hueso, con el mismo agujero abierto por un ser humano para plantar una semilla. Difícilmente puede clasificarse la primera actividad como económica, por más que esté en juego la subsistencia del perro; sin embargo, en el segundo caso, la subsistencia del hombre adquiere un carácter social aunque las actividades se parezcan.

La economía nunca ha dejado de ser una ciencia que estudie las relaciones entre los hombres, su especificidad radica en que estudia, a esas relaciones, con miras a la producción de bienes materiales y servicios.

A manera de ejemplo. En los círculos internacionales contemporáneos que estudian una de las actividades más abordadas en ambas reuniones - la producción de alimentos - existe consenso en cuanto a concebir la agricultura como un complejo multifuncional. Ella posee, sin dudas, una dimensión económica. Es quizás, la más tratada de todas. No obstante, ya es imposible concebirla separada del medio ambiente y, a su vez, del aspecto social.

En este último intervienen factores ineludibles: ella es algo más que una fuente de empleo. Se convierte en el escenario donde se producen y  reproducen los saberes populares cotidianos para extraerle al suelo los frutos de manera más eficaz.

Las prácticas agroecológicas ancestrales de nuestros cultivadores, acaparan hoy la atención de quienes buscan soluciones a tan acuciante problema. Para nada debe extrañarnos que agrónomos y antropólogos puedan sentarse a dialogar con largueza sobre aspectos comunes.

Pero el hombre también protagoniza un proceso de peculiar incidencia en la producción de alimentos: la migración campo - ciudad. En otras regiones del planeta ocurren por la ruina de los campesinos que acuden, entonces, al ámbito urbano, en busca de espacio donde ganarse la vida. En Cuba, existe total coincidencia de que el fenómeno es una expresión del propio desarrollo alcanzado en el contexto educacional.

Cualquiera sean sus causas, la solución debe pasar por el laboratorio de los investigadores sociales. Estas palabras acerca de una actividad que solo en apariencias, es lejana a la indagación social, llevan el propósito de destacar el papel de las ciencias más ligadas al estudio de las relaciones entre los hombres en la búsqueda de soluciones a nuestros problemas.

Ese mundo de difusos y extensos confines, contenido en la espiritualidad humana, debe ser comprendido y conquistado para mover voluntades. Cualquier acción transformadora comenzará en la comprensión del sujeto que debe emprenderla. El más de medio siglo cubano, de lucha y brega, constituye un libro de texto con invaluables lecciones.

De aquí se desprende una de las expectativas que despierta el Pabellón de ciencias sociales. Él es la muestra del avance en el pensamiento de las diferentes disciplinas para enfrentar los problemas del presente. Lo que el pueblo encuentre en los anaqueles de la Feria del libro, dejará satisfechos esos intereses o sembrará la preocupación. No existe muestra más representativa de la sincronía o asincronía entre ambos polos.

Para desterrar de nuestra realidad la improvisación, el voluntarismo y todos esos males que no pocas veces han estado presentes en nuestros proyectos de desarrollo perspectivo, ciencia y práctica cotidiana deben mostrarse en armónica relación.

Un segundo factor está dado en el nivel de objetividad con que se aborden las diferentes problemáticas. En lo teórico, todos los cultores de las ciencias en Cuba han dejado expresado, en el primer artículo de sus respectivos códigos de ética, que la tarea fundamental del investigador es llegar a la verdad científica. Sin embargo, su aplicabilidad para nada ha estado exenta de situaciones polémicas.

La verdad aunque en circunstancias específicas suele ser dura y hasta desgarradora, siempre será estimulante aquilatarla. No en balde el refranero popular atesora la máxima de que “quien vive de ilusiones, muere de desengaños”. El estudioso cubano José Ramón Fabelo Corzo ayuda a comprender el valor de la verdad cuando plantea:

"(...) la verdad deba ser analizada no sólo como una categoría gnoseológica, sino también como una categoría axiológica, (...). La realización del principio axiológico fundamental - servir al hombre como valor supremo - sería imposible sin el conocimiento del hombre, de lo que él necesita, de las características y propiedades de eso que necesita, es decir, sería imposible sin el conocimiento verdadero de la realidad".

Si bien el principio es diáfano en su declaración,  no pocas veces su aplicación aparece sesgada por razones de diverso orden.

La Conferencia del Partido y el Congreso son pródigos en los deseos de preservar un clima de confianza en las instituciones de la revolución, otro tanto se puede decir de nuestra ciencia, porque la verdad que ella proporciona para la intervención, debe ser convincente. La credibilidad transita de la mano de la honestidad, he ahí la relación verdad – axiología.

Queda, entonces, el recorrido de varios días por este pabellón, en busca de la verdad en las disciplinas que nos interesan. Los libros vuelven a convertirse en la muestra de la fortaleza de la verdad científica y de la credibilidad en nosotros mismos, sobre ellas se apoyan las transformaciones que actualmente son emprendidas.

Ellos moverán la opinión de los lectores en una u otra dirección, pero también le dirán a los investigadores holguineros cuales son las fortalezas  en el prisma científico nacional y hacia donde debe dirigirse el trabajo. La Feria, en Cayollano, se convierte en el pedestal de nuestros valores y en la brújula de los rumbos necesitados de emprendimientos.





jueves, abril 28

Otro talento holguinero en la Academia de la Historia



Holguín se viste de gala, tres de sus talentosos historiadores han sido seleccionados por la Academia de la Historia de Cuba para integrarse como miembros correspondientes. Uno de los hombres que ha logrado tan meritoria designación es José Vega Suñol.

Él es Doctor en Ciencias Históricas, título obtenido en la Universidad de La Habana en 1992. Se ha especializado en Etnología, Historia y Cultura Regional. Dedicado por décadas a la investigación, la docencia y la promoción cultural, ostenta la categoría de Profesor Titular del Centro de Estudios sobre Cultura e Identidad de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Holguín y de Profesor Titular Adjunto de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte en Holguín.

Gustosamente, él ha accedido a respondernos algunas interrogantes. Conocedor de las inclinaciones profesionales ya reseñadas, decido comenzar indagando sobre ellas.

MOC Has conformado una concepción sobre la regionalización histórico-cultural ¿crees que funciona en la plenitud del campo epistemológico o la limitarías a una herramienta para manifestaciones culturales específicas?

JVS
Todavía no he logrado tener una concepción acabada sobre la regionalidad histórico-cultural. Al incursionar en los estudios regionales cubanos lo he hecho limitándome a la región de Holguín, básicamente, porque el volumen de información y conocimientos para lograr un montaje analítico de las regiones histórico-culturales de Cuba es una tarea que puede abarcar más de una vida y solo el tiempo me da para esbozar algunas hipótesis preliminares que tal vez puedan ser tomadas en cuenta por futuros investigadores.

Tampoco albergo la pretensión de que mis propuestas teóricas y metodológicas sobre los estudios regionales funcionen a plenitud en todo el campo epistemológico que comprende este objeto del conocimiento; por el momento, aspiro solo a que sirva de referencia para adentrarnos en la región de Holguín, y que contribuya a la elaboración de modelos para otras regiones, aunque tengo mis dudas al respecto, ya que las formaciones regionales de Cuba no han seguido procesos idénticos en su constitución; es más fácil encontrarse con la diversidad que con un sentido de unidad histórico-cultural en la organización regional cubana. También parto del aporte de otros historiadores dedicados al tema, como Olga Portuondo y Hernán Venegas.

Por otro lado, existen distintos modelos de regionalización: a la regionalización geográfica, económica o histórica se le pueden incorporar otras variables de regionalización como la etnográfica, la lingüístico-cultural, etc. La metodología regional puede moverse tanto en un nivel general de regionalización, por ejemplo, el de región histórica, como en un nivel específico, digamos para abordar una manifestación cultural concreta.

Me estimula encontrar en Internet cientos de trabajos sobre historias y culturas regionales y locales de todas partes del mundo, lo cual es un indicador de la importancia que tienen para los pueblos y para la ciencia.

MOC Vega ha publicado, entre otros, los libros: Norteamericanos en Cuba: estudio etnohistórico, Fundación Fernando Ortiz, La Habana, 2004; Archivos de Cuba, Ediciones Unión, La Habana, 2004 (coautor) y Región e Identidad, Ediciones Holguín, 2002. De ahí mi pregunta al respecto.

Eres un estudioso de los aportes estadounidenses a la cultura cubana, sin embargo, en el agitado contexto contemporáneo donde se desarrollan las relaciones, o no relaciones, entre ambos gobiernos ¿piensas que esa dote cultural es aquilatada en su dimensión plena?

JVS
Comenzaría diciendo que Estados Unidos es un referente familiar de peso en la cultura cubana y en la mentalidad del cubano. La cultura ha sido hasta ahora una de las fuentes vitales de intercambio entre Estados Unidos y Cuba, desde los tiempos coloniales. Músicos, poetas, novelistas, científicos y pensadores cubanos han pasado por Norteamérica desde el siglo XIX y viceversa; y para ambos lados ha ido un intercambio necesario, útil y de provecho mutuo; también es oportuno reconocer que los componentes formativos de la cultura norteamericana guardan determinadas analogías con la cultura cubana, a pesar de no ser idénticas sus matrices.

En ambas culturas interviene la europeidad: en nosotros España, en ellos Inglaterra; en las dos orillas tuvieron una participación las culturas africanas; hubo negros lucumíes, congos y mandingas tanto en Norteamérica como en Cuba; las comunidades indígenas en ambos lados fueron prácticamente arrasadas y por eso no legaron un peso sustantivo aunque no despreciable en las respectivas culturas; otro factor común es que Estados Unidos y Cuba fueron escenarios desarrollados a partir de las migraciones de gentes de muchas partes del mundo, las dos culturas presentan cierta vocación de universalidad, el haber sido gestadas por migrantes de diferentes latitudes.

Sin embargo, hay también una profunda diferencia cultural entre Cuba y Estados Unidos: el proceso de integración no ha sido el mismo ni se ha desarrollado en la misma dirección; el pueblo cubano resulta más integrado en el orden étnico y cultural que el norteamericano; en este prevalece todavía una profunda segregación tanto étnica como racial, verificable incluso a escala urbana; Estados Unidos está lleno de nichos culturales cerrados a otros, de comunidades y minorías étnicas que, por determinadas razones históricas y sociales, no tenemos nosotros. Las diferencias comprenden también la escala de valores; hay valores compartidos y no compartidos, como la apología del mercado y el consumismo.




Más información aquí


MOC Entre las organizaciones a que pertenece, encontramos a Vega en la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y en la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC). Es miembro del Tribunal en Ciencias Históricas, Presidente de la Cátedra de Antropología Cultural Fernando Ortiz de la Universidad de Holguín. Como hombre relacionado con los estudios culturales, es posible hurgar en sus ideas sobre algunos conceptos y su aplicación en la praxis.
El concepto de transculturación reafirma una cualidad distintiva al producto de la interacción entre más de una cultura. No obstante, es común identificar rasgos hispánicos y hasta africanos, en lo cubano, como si se tratase de un rompecabezas ¿qué validez científica confieres a resultados presentados de ese modo?

JVS
Tendría que comenzar diciendo por qué Fernando Ortiz propuso el término transculturación, el cual fue muy bien acogido por un antropólogo de la dimensión de Bronislaw Malinowski; sencillamente, porque el término aculturación, aportado por la antropología anglosajona, no podía explicar los procesos históricos y culturales que habían intervenido en la formación del cubano.

Ortiz dejó bien claro que la africanidad, como la hispanidad, no son más que antecedentes étnicos y culturales, pero no puede confundirse lo africano y lo hispano con lo cubano, porque se trata de una nueva cualidad étnica y cultural, diferente por completo de aquellos antecedentes, de los cuales el cubano es un consecuente.

Cuando José Martí explicita “cubano es más que blanco, más que mulato, más que negro” sitúa la cubanidad en una posición supraracial, ajena a toda división de la sociedad según el color de la piel; por eso es insostenible hoy hablar de grupos “afrocubanos” o “hispanocubanos” ya que quien define la cualidad específica y distintiva de un pueblo no es el origen epitelial ni sus precursores en el tiempo sino su cultura y las posibilidades de participación en ella.

MOC Mira por un momento hacia atrás y hacia delante de la antropología cubana y holguinera ¿qué pronóstico infieres?

JVS
Si miro hacia el pasado de la antropología cubana con la primera figura que me encuentro es con Fernando Ortiz, cuya obra es fundadora de esta disciplina en nuestro país, a pesar de contar con una Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba desde 1877. Ortiz se encuentra con el ser cubano a través de una de sus aristas más obviadas, el negro, fundador, junto al español y a muchos otros, del pueblo cubano.

A partir de Ortiz los estudios antropológicos en Cuba comienzan a transitar en dos direcciones básicas: la cuestión racial, como problema-debate, por su peso específico en la construcción de la cubanidad, y el rescate de las culturas populares como objeto de estudio, porque el negro es uno de los asideros de lo popular en la cultura cubana; pero el legado mayor de Ortiz fue convertir la investigación antropológica en un instrumento para saber quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, para él la antropología no es letra muerta sino un recurso del conocimiento y la transformación social.

Mirar en perspectiva de futuro el discurso antropológico cubano es casi un acto adivinatorio, pero te lo puedo resumir en pocas palabras: responsabilidad social; la antropología cubana, que goza de buena salud gracias a la formación de nuevos y excelentes especialistas en estas últimas décadas, ubicados en centros de investigación y en las universidades, tiene la tarea de acometer trabajos dirigidos a conocer, explicar, interpretar y resolver, las problemáticas surgidas de la práctica sociocultural; como la tecnología antropológica se ha especializado en micro-escenarios, apuesto por su mejor utilización en los estudios comunitarios y grupales, en la ambitalidad urbana, en el mejoramiento de la eficiencia laboral, entre otros usos que pueda tener.

En cuanto a la antropología holguinera hay que reconocer algunos antecedentes, Diego de Ávila y del Monte, nuestro primer historiador local, fue un antropólogo ingenuo, si se quiere aceptar el término, porque nos legó la única genealogía existente hasta ahora de las familias fundadoras de Holguín, y José A. García Castañeda, quien en su obra Así es Gibara, publicada en 1957, se acerca bastante a una caracterización socioantropológica del holguinero; Castañeda fue uno de los precursores de esta rama del conocimiento entre nosotros.

También es oportuno mencionar a otros investigadores que han aportado a la antropología en Holguín en los últimos años, uno de ellos fue José Manuel Guarch, reconocido arqueólogo; José Novoa Betancourt, quien ha empleado recursos del saber antropológico en sus acercamientos al Holguín colonial, principalmente sus indagaciones sobre la esclavitud; José Abreu Cardet, quien nos ha ofrecido una visión de las guerras de independencia en Cuba desde la historia social, a partir de los hombres y mujeres que participaron en ellas, el papel de la familia y el barrio en estos acontecimientos; debo agregar a dos colegas de mi departamento en la Universidad de Holguín, el Dr. Carlos Córdova, por sus estudios sobre el espiritismo de cordón, y el Dr. Alejandro Torres por sus trabajos sobre el campo religioso holguinero, quien ha empleado técnicas y métodos de investigación avanzados y a quien considero el más actualizado y prometedor de los antropólogos jóvenes en la provincia.

Pero ya que me pides un pronóstico de futuro sobre esta rama, te diré que el talón de Aquiles de la ciencia social en Cuba se encuentra en la introducción de los resultados, de nada sirve investigar para luego dormir el sueño eterno, en espera de su aplicación. El reto requiere una mejor comunión entre los actores y los usuarios del resultado. Vista así, la antropología en Cuba puede y debe ser un instrumento para lograr el perfeccionamiento de nuestra sociedad, un recurso al servicio de la transformación cualitativa de nuestro cuerpo social y cultural.

MOC La inclusión del Dr. Vega Suñol en la Academia de la Historia no es causal. En los últimos años, junto a su trayectoria científica, ha obtenido varios reconocimientos y premios: Pedagogo del siglo XX cubano y Personalidad científica en Holguín. Fue Premio de la Crítica en Ciencias Sociales, 2006. De ahí mi curiosidad por su impresión respecto a su inclusión en la Academia.
¿Cómo ves los días que vienen, ahora que eres miembro correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba?

JVS
En efecto, me comunicaron que soy miembro correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba, ese reconocimiento es válido y significa mucho para mi persona, todavía más cuando supe que la elección fue directa y secreta, realizada por el grupo gestor de esa Academia, que como sabes se crea en 1910. El rescate de esta institución en el siglo XXI, a cien años de su fundación, revela el valor y la importancia cardinal que le brinda el Estado al ejercicio científico del discurso histórico, como afirmación del ser cubano.

Mi obra científica, en el terreno de la historia social, no es lo suficientemente abundante pero agradezco que lo poco que he hecho haya sido tomado en cuenta, lo que verifica que los modestos resultados alcanzados hasta ahora han servido a muchos otros y han sido evaluados positivamente por la comunidad científica y académica de mi país. Pero es oportuno hacer justicia, porque buenos y prolíficos historiadores holguineros no fueron contemplados en esta primera selección, aunque convencido estoy que en algún momento, más temprano que tarde, formarán parte de su membresía.

Ser miembro de la Academia de la Historia de Cuba es un reto para los días por venir, implica una responsabilidad adicional, un mayor volumen de trabajo y un encargo social que sabré dispensar con resultados a la altura de sus exigencias.

lunes, febrero 7

Un viaje para hacer ciencia

Humbolt realizó múltiples aporte al desarrollo de las ciencias. Suman varias las disciplinas donde su labor dejó huella. En tan destacado trabajo es imposible negar la importancia de su periplo americano.

Efectivamente, el 5 de junio de 1799, zarpó del puerto de La Coruña, en la fragata Pizarro, para internarse, durante cinco años, en “las regiones equinocciales del nuevo continente”, como él mismo dejó plasmado en uno de sus libros.

Suelo venezolano, cubano, colombiano, ecuatoriano, peruano, mejicano y estadounidense, conoció de su indagatoria científica.

Para algunos entendidos, los resultados de su labor merecen encabezarse con los obtenidos en el campo antropológico. Allí destaca el descubrimiento del origen de los aborígenes americanos, reconociéndoles el derecho a su libertad política.

Mas, rango similar pueden ostentar aquellos realizados en microbiología, cuando se concentró en el estudio de la vida en agua dulce; o a los que han quedado en el plano de la zoología, donde describió animales de la América del Sur hasta entonces desconocidos en Europa.

El barón Humbolt descubrió la clorofila, estudió la respiración de los peces, abrió el camino a la electroterapia, realizando los experimentos en su propio cuerpo. También realizó las primeraas descripciones de los océanos, mediante las cuales estableció el recorrido de la corriente que hoy lleva su apellido.

Dentro de la meteorología realizó análisis de la composición química atmosférica, la circulación subterránea del aire y el comportamiento de las tormentas tropicales.

Su campo de estudios alcanzó, además, a la geofísica. En nuestros dias llevan su nombre las observaciones magnéticas y pudo establecer la declinación magnética de los polos. También en geología ha dejado un rastro fructífero, al establecer las similitudes en la litosfera americana, europea y asiática.

Para el trazado de los mapas de América del sur y Central fueron tomadas sus observaciones astronómicas y barométricas. Súmesele el establecimiento de la periodicidad en la caída de los meteoros.

Él describió el calendario azteca, coleccionó más de sesenta mil especimenes de plantas y un sinnúmero de méritos científicos más que tornarían interminables esta enumeración.

Sin temor a equivocaciones, entre las figuras a destacar en el conocimiento del entorno americano, la personalidad de Alejandro de Humbolt tiene reservado un lugar muy especial.

domingo, enero 16

El encanto de una vivienda exótica.


Cuando nos deleitamos con el paisaje al transitar por alguna autopista, además de las atracciones naturales, nos sorprenden las que han sido construidas por el hombre. Con seguridad, ya usted ha reparado en las construcciones de los labriegos. Todavía cuando suelen ser muy humildes, resulta imposible negarles cierta dosis de atractivos en medio de su rusticidad.

Si la observación la realizáramos en un lugar exótico, el poder seductor de esas construcciones puede dejarnos atónitos. Les propongo un salto imaginario al Caribe y allí escojamos la mayor de sus islas: Cuba.

¿Cómo se edifican las viviendas de los campesinos cubanos? Aunque, paulatinamente, los aires de modernidad han ido invadiendo la campiña, todavía se encuentran hogares que lucen la pureza de sus rasgos ancestrales.

Por lo general, la vivienda del campesino en la isla forma parte de un complejo de edificaciones, donde se incluyen el granero – allá conocido por rancho –, las instalaciones para aves y demás animales de corral y otras dependencias que varían según la especialidad productiva de la finca.

Concentrémonos hoy en la casa vivienda. El bohío – término originario de la lengua aruaca que ha persistido hasta nuestros días para nombrarla – por lo regular consta de dos cuerpos dispuestos en paralelo o que forman ángulos rectos entre sí. En este último caso suelen tomar la forma de una letra T, o de una L, según el lugar por donde se produzca la unión.

Es común que cada uno de los cuerpos tenga su propia cubierta, de las llamadas a cuatro aguas. Para evitar que la lluvia, frecuente en el trópico, lleve la humedad al interior, en los aleros de entre ambas partes de la vivienda se dispone una canal para evacuar el agua.

Según los antropólogos, la distribución interna debe mucho a la influencia de los campesinos andaluces que cruzaron el Atlántico desde el propio siglo XVI. La parte central del primer cuerpo la ocupa la sala de estar. Ella está flanqueada por dos habitaciones.

En el segundo cuerpo encontramos a la cocina y el comedor. Esta última pieza deviene en el centro de la vida familiar. Solo las visitas menos conocidas se atienden en la sala de estar.

Tipológicamente existen dos clasificaciones que responden a la forma de sus esquinas: la esquina viva, todo un rectángulo vista en planta, y la culata redonda, donde la vivienda asemeja un octógono alargado.

La palmera real, árbol nacional del país, se convierte en la principal fuente de materiales para edificar la vivienda. Sus hojas se utilizan en el techado. El peciolo alargado de las mismas, conocido por yagua, es usado para recubrir las paredes. Aunque otras veces se conforman con tablas extraídas del tronco de este u otro árbol.

Construir una vivienda deviene en acto de solidaridad. Amigos, vecinos y familiares acuden en ayuda de quien levanta su morada. Pocas veces la jornada termina sin la típica fiesta campesina. La música del guateque, como allí le llaman, convoca a la comunidad y, en medio de la sencillez, la casa desborda una contagiosa alegría.