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miércoles, octubre 3

Hobsbawn hasta siempre

La noticia me sorprendió. Leía el boletín de Carlos Barrios y saltó desde la pantalla. No era de mis seres queridos más cercanos, pero lo apreciaba como un maestro entrañable.

Por décadas supe poco, o nada, de él. Las noticias que llegaban lo presentaban como un revisionista del marxismo. No recuerdo haber escuchado nunca su nombre en la universidad donde cursé la carrera de Historia.

Conocí las obras de Erick Hobsbawn de manera subrepticia. Algún colega conseguía sus libros y nos lo pasábamos como si tocáramos una gema inapreciable. Luego venían los debates enriquecedores.

Con la caída del muro de Berlín, Hobsbawn tuvo otra connotación. Era el inestimable creador  que revolucionaba el marxismo contextualizándolo en una época nueva. Sus libros comenzaron a aparecer en los anaqueles de las librerías y se recomendaban para las clases universitarias. Sin dudas, el pensamiento había evolucionado para recepcionarlo.

En el medio donde me desenvuelvo, ya no se hablaba de él como el “disidente” del Partido Comunista. Era Hobsbawn todo un científico consecuente que había sufrido la censura estalinista en su lucha antidogmática.

Por suerte, en la hora de la despedida podemos reconocerle todo su talento y su militancia. Hobsbawn, hay un pueblo y una comunidad de historiadores que derraman sus lágrimas por el orgullo y la franqueza con que defendiste tus ideas.