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lunes, marzo 27

Pueblo y estado entre el extravío y la virtud



Que la virtud da luz y ennoblece es un secreto a voces, pero pocas veces se ha entendido que ella es el nexo cardinal entre el pueblo y el estado. Dicha relación es desarrollada por el jurista venezolano Hugo Argotti
Córcega en su libro El estado virtuoso como proyecto político del Libertador Simón Bolívar.
El abogado venezolano posee larga experiencia, es asesor jurídico de la Fundación de Derechos Humanos de Anzoátegui, procurador general del propio estado y miembro de la organización mundial Amnistía Internacional.
También despliega labores docentes y como columnista de variados géneros. Entre su producción se encuentran los libros Didáctica sobre Derechos Humanos y Ética del Libertador.
La división de poderes dentro del estado
Inmerso en las concepciones bolivarianas, este autor penetra dentro de la típica división de poderes de cualquier estado moderno. Realiza un ameno e instructivo recorrido sobre las bases conceptuales de su surgimiento y luego  hurga en la abundante papelería de Simón Bolívar referente a su labor como creador de estados porque Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Bolivia no solo supieron de la libertad conquistada con el filo de su sable sino también de su empeño en edificar en cada una un estado acertado.
Para Argotti la principal cualidad de ese estado debía ser la virtud. El propio autor reconoce que la elección de dicha palabra es obra suya, Bolívar nunca calificó al estado de virtuoso. Sin embargo, tras una larga revisión de documentos constitucionales o  no, él encuentra el vínculo entre el estado y la virtud en la obra del Libertador y toma licencia para unir ambas palabras en un solo apelativo: estado virtuoso.
Entonces aparece un nuevo poder dentro del estado. Él estaba ausente en las concepciones de los pensadores ilustrados europeos y solo Simón Bolívar alcanzó a comprender la necesidad de implementarlo, lo llamó Poder Moral.
La relación del estado con el pueblo
Consciente de las aberraciones que la función de gobierno podía acarrear, el Libertador pretendía dotar al estado de un cuerpo capaz de velar por la rectitud en el ejercicio del poder y bien encaminar su acción hacia los fines más útiles al pueblo.
Así aparece en las concepciones bolivarianas tan medular relación entre pueblo y estado. El elemento mágico para lograr tal propósito es la virtud. Tan apreciable cualidad es concebida tanto en el estado como en el pueblo y en algunas otras instituciones, entre ellas, el ejército.
De tal manera, el estado virtuoso tiene como tarea fundamental la educación del pueblo para que desarrolle a plenitud su talento creador y sea él mismo tan virtuoso como el estado. Para que mantenga sus costumbres honestas, deje atrás la ignorancia y el vicio que lo llevarían a perder la libertad ganada, produzca ciudadanos de luces que fijen la opinión pública, aprenda sus derechos políticos y el modo correcto de ejercerlos.
El ejército como parte del estado
Dentro del estado, como guardián de esas conquistas, en lo interno y hacia el terreno internacional, está el ejército virtuoso. Subordinado a los jefes naturales, representantes legítimos del pueblo; ese ejército será obediente, disciplinado, leal, valeroso, constante, optimista, inmerso constantemente en la instrucción, pleno de humanismo y amor a la patria y prudente en el manejo de las armas.
Como puede apreciarse, la virtud del cuerpo armado como componente del estado,  solo se obtiene mediante valores morales. El vínculo adquiere su mayor brillantez cuando se logra la alianza cívico-militar.
Cuando Hugo Argotti penetra en las entrañas del estado virtuoso revela múltiples aristas del pensamiento del Libertador y de sus seguidores contemporáneos. Entonces se comprenden mejor los esfuerzos del presente y se sueña con la virtud materializada; en fin, el lector termina sintiéndose virtuoso.
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