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miércoles, enero 7

Una Historia de Cuba desde la Isla B



Cuba no es solo una isla que enlaza al Mar Caribe con el Golfo de México. Cuba  es todo un archipiélago. Aun así, por más que usted busque en su geografía física  no encontrará ninguna Isla B. Sin embargo,  en su historia sí existe una Cuba B.

Quizás usted pueda pensar que estoy desarrollando una versión divisionista de Cuba. Nada más ajeno a mis intenciones. Somos un pueblo unido en su destino histórico por centurias, con rasgos y anhelos comunes, pero también tenemos nuestras peculiaridades. Somos un cohesionado mosaico de perfiles distintivos.

Una isla con dos historias.

Hoy escuchaba la grabación de audio de una de las presentaciones del libro Historia de Cuba y recordé que, décadas atrás, el talentoso historiador Juan Pérez de la Riba planteó la existencia de una isla con dos historias y las nombró la Cuba A y la Cuba B. Su tesis partía del desarrollo desigual de las diferentes regiones que componen al país. Tales diferencias se muestran en lo estructural y también en el orden cultural.

En virtud de las diferencias, las versiones historiográficas aparecen matizadas, pero con un predominio de la visión occidentalista de la nación. Las versiones sobre la Historia de Cuba se han escrito desde La Habana en un porcentaje muy alto de las veces. Cuando no, esa llamada “historia nacional” ha acudido a los hechos y procesos donde la capital del país se ha visto envuelta y el quehacer del resto de la nación ha quedado uniformado a fuerza de aplicar generalizaciones.

Nada tenemos en contra de los historiadores que han desarrollado su labor a conciencia y nos han entregado los volúmenes sobre nuestro pasado, por los cuales hemos aprendido un poquito sobre él. Todo lo contrario, admiramos su dedicación y entrega porque son el ingrediente indispensable para las esclarecedoras y novedosas tesis en ellos contenidas. Pero el progreso en la ciencia histórica  también requiere de la crítica.

En realidad, existe esa Cuba B. Pero ella también produce sus versiones, solo que ninguna había intentado cubrirse con ese manto de “nacional”. Se habían desarrollado bajo el sello de “regional” o “local” que no siempre es propenso a méritos. Pero un buen día se rompieron esos moldes.

La isla fascinante en una versión diferente

Los sucesos de la mayor de las Antillas cayeron en  la atracción de sus hermanas geográficas. El Archivo General de la Nación, de la hermana República Dominicana, ha decidido publicar las historias de todos los países latinoamericanos y Cuba no podía faltar.

En Santo Domingo se encontraba el conocido historiador holguinero  José Abreu. Al conocer de aquellos propósitos se brindó a materializarlos, sin andar temiendo que lo catalogaran de presuntuoso o cuando menso de osado. Avisó a un grupo de sus compatriotas, dividió los capítulos según las preferencias investigativas de cada uno  y comenzó el trabajo. Durante unos cuantos meses, el vínculo entre él y los demás fue el correo electrónico. Uno a uno fueron llegando los capítulos hasta que Abreu pudo conformar el volumen.

Fue un trabajo colectivo de especialistas ubicados en la Isla B.  ¿Sabe cuál es? Pues la ciudad de Holguín, ubicada en el nororiente cubano.  Aunque formo parte de ese equipo y las autoalabanzas son cosa fea, tengo un compromiso académico con el colectivo, conozco los méritos de cada uno de los integrantes y no tengo por qué silenciarlos cubriéndome con la mera modestia personal. En última instancia, satisfago mi vanidad habiendo trabajado con personas de tan alta valía. De ellos no podía salir algo malo. Están adscriptos a diferentes perspectivas metodológicas y puntos de mira, pero unificados en cuanto al rigor académico e intelectual que requiere una obra de esta naturaleza.

En los siete capítulos del volumen pretendieron proyectar una visión integral de Cuba, desde los orígenes hasta la más palpitante actualidad, traspasando la historia política, militar y diplomática y abordando aspectos de su literatura, música, pintura, arquitectura, ciencias y los cambios culturales de cada momento. Los autores también se adentran en la actual coyuntura analizando los desafíos al socialismo cubano en el siglo XXI.

La isla sobredimensionada para autoreconocerse en la letra de varios estudiosos.

Los isleños contra metrópolis y tiranos conforman un mundo valorado desde el esfuerzo inabarcable de sus hijos y el interés desmedido de los poderosos por poseer una zona de poder en el cálido Caribe.

Acontecimientos ocurridos en el archipiélago que dejaron huella en la memoria de otros pueblos. Todo un universo de relaciones tendido en torno al azúcar que matizó la vida de sus pobladores durante siglos, para un día renunciar a la dulce gramínea.

Así de contradictoria se presenta esta versión, construida por historiadores avecindados a cientos de kilómetros de la capital del país, por donde corren las más “actualizadas” corrientes de hacer la historia.

La ponderación a hombres de estatura continental y hasta planetaria.

La dicotomía entre masa de pueblo y grandes figuras resuelta en una relación indestructible. Desde Martíhasta Fidel Castro cada quien es el fruto de circunstancias socioculturales, nadie es un predestinado.

El gran personaje de cada suceso es el conjunto de hombres de a pie concebido en una u otra dimensión por cada uno de los nueve autores del libro. Su intención distó de hilvanar versiones conocidas. En ocasiones las tomaron como base, en otras las desecharon y expusieron la propia.

La Historia de Cuba en una nueva síntesis que esperamos le haga reflexionar.
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