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martes, septiembre 4

La vida, la historia y la historia de vida



¿Ha pensado en ser el protagonista de un libro? ¿Por qué se me encoje? ¿La modestia llega a cohibirle de esa manera? Le saldrán arrugas prematuras.  Psss, psss, no. Nada de
sonrisitas suspicaces, mi locura va en descenso. Ya estoy casi cuerdo. Ahora piense en su vida hecha páginas. Psss, ¡Sí! De esas que la gente lee y se emociona. Sería su historia de vida.

¡Que no hay cosas interesantes en su existencia! ¡Eso cree usted! ¿Quién le dijo que la vida cotidiana es más árida que un desierto en eso de producir episodios epopéyicos? Una historia de vida sale de cualquier acto. Propóngase una meta, luego ¡métale manos! Busque la manera de realizarla. Ya se dio cuenta de las dificultades. Pues piense en las epopeyas. Surgen con el hombre frente a las dificultades. Claro, suelen ser más o menos amenas según el narrador que las cuente.

La historia de vida y la leyenda

No obstante, usted y yo sabemos que no todo lo ameno es tan cercano a la verdad. ¿Usted se creyó lo del invencible niño Aquiles metido en el agua mientras una diosa lo sostenía por el calcañal? Ji, ji, ji, ji. Esas eran mentiritas para adormecer a los griegos.
Aunque, vamos a hablar claro, estaban bien contadas. ¿Usted no se ha pasado horas frente a un televisor viendo a griegos y troyanos dándose espadazos en defensa de las “virtudes” de Helena? ¡Claro que las ha pasado! Y eso que ya usted se sabe el final. Pero cualquiera se embobece con ellas.

Eso sí, desde muy temprano hubo quienes se preguntaron ¿cuánto hay de cierto en esta narración? Así fue como nuestra ciencia histórica se deslindó de la literatura, por mera curiosidad humana. ¡Por la necesidad de saber! Todo no puede ser cuentecitos. Con esto no pretendo erigir un muro de contención a la ficción. ¡Nada de eso! Yo también la disfruto.
¿Sabe? Un día me puse a buscar qué es la historia de vida. Asústese antes que se lo diga. ¡Pero asústese bien! No quiero síncopes cardíacos después. Preparo el terreno para que el impacto sea menos terrible: dicen que la historia de vida trata de las cosas menos importantes.
La historia de vida y los sucesos

¿Conoce cuáles son los temas preferidos para las historias de vida? Me enteré que las cosas de poca importancia ocurren en la cotidianidad e incluyen a las relaciones sociales en su acepción más amplia. Satisface curiosidades malsanas porque va a la intimidad. A esa poco nos gusta que se inmiscuyan en ella.

La historia de vida también trata los afectos, una amplia gama de sensibilidades, o las representaciones sobre el amor, la pareja, las relaciones familiares, los niños, el sexo, las preferencias o la dignidad  Mejor me detengo. Si el listado creciera, podemos vernos tentados a desterrar cuanto acontece en nuestra vida porque lo consideraríamos poco importante. Nos quedaríamos sin historia de vida. Cuando me encontré ante esta situación escribí: “si esos aspectos de la condición humana carecen de importancia, sería preferible haber nacido dinosaurio”.

Aclaro, hay quienes la utilizan como un método o técnica de investigación. Yo me refiero aquí a una manera de escribir historia. Por cierto, de “nueva” solo tiene el nombre. Dicen que Matusalén escribió varias historias de vida. ¡A mí no me lo crea!

Durante siglos, los historiadores solo consideraron “importantes” los asuntos relacionados con la política, la guerra, la diplomacia o la religión y, dentro de ellos, a los hombres que tomaban las decisiones o mandaban a todos los demás en el momento de ejecutarlas. Parecería que los realizadores de tales tareas carecían de historia de vida.

Por suerte, alguien dudó de la capacidad de un hombre solo para hacerlo todo, y aparecieron historiadores preocupados por quienes los acompañaron, entonces vinieron las definiciones para nombrar a ese tipo de versiones, entre las que se encuentra la historia de vida.

La historia de vida y la tradición oral

Según algunos entendidos, la historia de vida parte del relato o relatos de una persona o grupo, así manifiesta una esencia oral. Desde ese punto de vista, enlaza con la historia o tradición oral, esto es, aquella que se trasmite de una generación a otra sobre la base del lenguaje hablado.

Un rasgo distintivo entre ambas radica en su registro. La tradición oral queda registrada en la memoria de los pueblos, la historia de vida, como forma de historiar, termina recogida en libros, artículos, películas y cuanta manera ha inventado el hombre de trasmitir sus conocimientos a los demás. Así, la tradición oral es hecho histórico, mientras la historia de vida una mera versión historiográfica. Cuando la tradición oral es acogida en alguna de estas formas divulgativas, puede catalogarse como historia de vida.

La tradición oral, por lo general, queda en el verbo lanzado al aire y materializado en los usos, costumbres, creencias, etc. de la praxis social. Cierto es que en los últimos tiempos, al invadir el feudo cognitivo de etnólogos e historiadores, también se vale de la triangulación de fuentes para elaborar su versión. Es esa otra expresión de la interpenetración de la frontera con la historia de vida.

Si a los rasgos anteriores añadimos la coincidencia en temas de estudio, da la impresión que son dos nombres para denominar la misma disciplina. Yo terminaría diferenciándolas porque la historia de vida puede construirse excluyendo la oralidad, aunque esto se haya realizado en muy pocas oportunidades.

La historia de vida y la vida cotidiana

La vida cotidiana pocas veces transcurre para verse recogida en libros. Actuamos en ella sin mucha meditación sobre la trascendencia de nuestros actos. ¡Qué sorpresa cuando aparece reflejada en un volumen que es leído por muchos y en esa historia de vida queda registrada alguna actitud inconsecuente de nuestra parte!

Ahora, quien se relacionó con el protagonista podría decir “yo nunca pensé que sobre ese hombre se escribiría un libro” y yo pregunto: ¿Nacen los seres humanos con el designio del libro que los referencie grabado en la frente? Cualquiera puede convertirse en el protagonista de un montón de páginas y, seguramente, jamás lo haya imaginado. La historia de vida suele reservarnos estas jugarretas para demostrarnos el dinamismo entre pasado, presente y futuro.

Como sujeto histórico creo preferible actuar responsablemente dentro de nuestro contexto, no pedirle al historiador que mienta, omita, suavice, justifique. Aun cuando nos parezca intrascendente, el acto reprochable se produjo en el hecho histórico, no en la versión construida como historia de vida. Los devotos de Clío historiamos, no juzgamos, ni incriminamos, ni exculpamos; tampoco pretendemos herir de manera gratuita.

¿Qué? ¿Se anima a incursionar en la historia de vida? Recuerde que problemas se buscará en cuanto acto del pasado pretenda versionar.

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